Boca no solo tendrá que jugar contra Universidad Católica. También deberá adaptarse a un rival silencioso, pero determinante: el césped sintético del Claro Arena. Un detalle que no es menor y que puede influir directamente en el desarrollo del partido. El estadio de la Católica, recientemente remodelado, cuenta con superficie artificial, algo poco habitual para los equipos argentinos.  Esto implica un cambio total en la dinámica del juego: la pelota corre más rápido, los rebotes son distintos y los movimientos requieren otra adaptación.   Por eso, el cuerpo técnico de Claudio Úbeda tomó nota y trabajó durante la semana en canchas sintéticas en Ezeiza, buscando que el equipo llegue preparado a un contexto completamente diferente al habitual.  No es un capricho: es una necesidad.   Incluso voces con experiencia en el fútbol chileno advirtieron sobre este punto. El cambio de superficie puede ser un factor que complique a Boca, especialmente en los primeros minutos, donde la adaptación es clave.    En la Copa, cada detalle cuenta. No es solo el rival. No es solo el clima. También es la cancha. Porque Boca tendrá que jugar, adaptarse y competir en condiciones distintas. Y en este tipo de partidos, el que mejor se acomoda… saca ventaja. El desafío está planteado. Ahora Boca tiene que demostrar si también sabe jugar… en cualquier terreno.