Boca no quiere relajarse después de la alegría internacional. La clasificación ante San Pablo ya quedó atrás y este domingo, desde las 14.45, aparece otro desafío importante: visitar a San Lorenzo en el Nuevo Gasómetro por la décima fecha del Torneo Clausura. Y Rodolfo Arruabarrena tomó una decisión que marca la importancia que le asigna al clásico: no habrá rotación.  El Vasco tiene pensado repetir prácticamente el mismo equipo que empató 1-1 en el Morumbí y aseguró el pase a las semifinales de la Copa Sudamericana. Boca regresó de Brasil sin nuevos lesionados y, con varios días para recuperar físicamente al plantel, el entrenador entiende que ya no existe necesidad de guardar futbolistas.  Y nos parece bien. Durante las últimas semanas entendimos muchas de las rotaciones. El calendario obligaba. Había partidos cada pocos días, jugadores tocados y una serie internacional que lógicamente tenía prioridad. Pero ahora el escenario cambió. Boca tiene margen para recuperar y el campeonato local también importa muchísimo. No solamente porque queremos pelearlo. También porque está en juego la clasificación a la próxima Copa Libertadores y Boca necesita seguir acomodándose en la tabla anual. Después de todo lo que costó recuperar estabilidad, sería absurdo utilizar la clasificación internacional como excusa para aflojar en el torneo. Por eso Arruabarrena irá con lo mejor. Álvaro Montero; Leandro Lozano, Lautaro Di Lollo, Facundo Herrera, Lautaro Blanco; Santiago Ascacíbar, Leandro Paredes, Milton Delgado; Alan Velasco; Leonel Flores y Miguel Merentiel es el once que prepara el Vasco.  Y hay algo de esa formación que nos gusta especialmente: empieza a salir de memoria. No porque Boca haya encontrado de repente un equipo perfecto. Todavía hay cosas para corregir y futbolistas que necesitan sostener su rendimiento. Pero después de meses de modificaciones, lesiones y búsquedas, Arruabarrena parece haber encontrado una base en la que confía. La defensa es quizás el mejor ejemplo. Montero consiguió afirmarse después de un comienzo en el que dejó dudas. Lozano y Blanco ocupan los laterales, mientras que Di Lollo y Facundo Herrera conformaron una dupla central que probablemente pocos imaginaban como titular algunos meses atrás. Herrera pasó de ser una aparición del Predio a ganarse un lugar en partidos pesados, mientras Di Lollo también consiguió continuidad.  No queremos convertir a los pibes en salvadores ni cargarles responsabilidades que corresponden a futbolistas mucho más experimentados. Pero cuando responden, tienen que jugar. Y este Boca está empezando a premiarlos. Lo mismo ocurre con Milton Delgado. Después de superar su problema muscular, volvió para la revancha en Brasil y continuará junto a Paredes y Ascacíbar. Es un mediocampo que nos gusta porque combina cosas diferentes: la conducción del capitán, la intensidad del Ruso y las piernas de Chelito. Paredes sigue siendo el futbolista alrededor del cual gira todo. Lo vimos durante su ausencia y también desde su regreso. Cuando está bien físicamente, Boca juega de otra manera. Tiene alguien que pide siempre la pelota, ordena y decide cuándo acelerar y cuándo bajar las revoluciones. Pero justamente por eso es importante que el resto empiece a quitarle responsabilidades. No podemos necesitar una actuación extraordinaria de Paredes cada vez que Boca quiere jugar bien. Alan Velasco tendrá otra oportunidad precisamente para eso. Su crecimiento en las últimas semanas fue evidente, aunque en Brasil no tuvo su mejor actuación. Nosotros fuimos muy críticos cuando estaba lejos del futbolista por el que Boca hizo una inversión importante y también reconocimos cuando levantó. Ahora necesita algo todavía más difícil: continuidad.  Arriba aparece otra decisión que dice bastante sobre el presente del equipo. Leonel Flores seguirá acompañando a Miguel Merentiel. El pibe dejó de ser simplemente una alternativa interesante para transformarse en una pieza concreta del equipo. Se ganó minutos jugando, encarando y mostrando personalidad. Eso vale muchísimo más que cualquier apellido. Y acá aparece inevitablemente el contraste con algunas incorporaciones. Enner Valencia ni siquiera estará entre los concentrados. La razón inmediata tiene que ver con el cupo de extranjeros: después del error cometido ante Vélez por Copa Argentina, Boca solamente incluirá cinco y Arruabarrena eligió a Montero, Lozano, Carlos Palacios, Sebastián Villa y Ángel Romero. El ecuatoriano quedó afuera por decisión futbolística dentro de esa limitación.  Al menos aprendimos a contar. Después del problema absolutamente evitable que dejó a Boca pendiente de una resolución del Tribunal de Disciplina, esta vez no habrá seis extranjeros en la planilla. Pero el caso Valencia también deja otra lectura. Llegó como un refuerzo de enorme trayectoria y hasta ahora no consiguió transformarse en una solución. Mientras tanto, Flores surgió desde abajo y hoy está por delante. No significa condenar definitivamente al ecuatoriano. Queremos que funcione porque mientras tenga nuestra camiseta su éxito será el de Boca. Pero nuevamente aparece una enseñanza bastante clara: los lugares no deberían entregarse por currículum. San Lorenzo, además, no será un partido cualquiera. El Ciclón viene de recuperar a Rubén Darío Insua como entrenador y llega después de empatar 1-1 frente a Independiente. El clásico se jugará desde las 14.45, con Nazareno Arasa como árbitro.  Y existe un condimento histórico que conocemos demasiado bien: San Lorenzo sigue siendo el único grande que mantiene ventaja sobre Boca en el historial. La diferencia cambia dependiendo de si se contabiliza únicamente el profesionalismo o también el amateurismo, pero bajo cualquiera de los dos criterios el Ciclón continúa arriba.  Otra razón para querer ganar. Boca llega además con 14 partidos consecutivos sin perder y después de conseguir una clasificación enorme en Brasil.  Pero justamente ahora aparece uno de los desafíos más importantes para este grupo: demostrar que la alegría de la Copa no lo desconcentra. Los equipos serios no eligen cuándo competir. El martes festejamos en el Morumbí. Hoy toca el Nuevo Gasómetro. Y nos gusta que Arruabarrena parezca entenderlo de esa manera. Nada de guardar medio equipo simplemente porque venimos de una clasificación. Nada de pensar que el Clausura puede esperar. Boca necesita puntos, necesita seguir creciendo y también necesita empezar a hacerse fuerte en los clásicos. El Vasco pone lo mejor que tiene. Paredes conduce, Ascacíbar y Delgado meten, Herrera y Di Lollo se consolidan, Velasco tiene que volver a aparecer y Flores sigue ganándose su lugar. Ahora falta lo más importante: que Boca baje rápidamente de la euforia de Brasil y juegue contra San Lorenzo entendiendo que para nosotros un clásico nunca puede ser un partido más.