Boca ya sabe que para llegar a la final de la Copa Sudamericana tendrá que superar a Vasco da Gama. Lo que todavía no sabemos es dónde tendremos que jugar los 90 minutos decisivos de la serie. El conjunto brasileño continúa buscando escenario para la revancha y tiene tres posibilidades sobre la mesa: São Januário, el Maracaná y el Nilton Santos.  El problema nace de una exigencia concreta de Conmebol. A partir de las semifinales, los estadios deben contar con una capacidad mínima de 30.000 espectadores, mientras que São Januário, la histórica casa de Vasco, está habilitado para poco más de 20.000. En principio, entonces, no reúne las condiciones reglamentarias para albergar un partido de esta instancia.  Eso podría ser una buena noticia para Boca. No porque jugar en Río vaya a convertirse mágicamente en algo sencillo, sino porque existe una diferencia importante entre meterse en São Januário, con Vasco jugando en su verdadera casa y con su gente prácticamente encima del campo, y disputar la revancha en un escenario neutral dentro de la misma ciudad. Pero todavía no hay que dar nada por confirmado. Vasco encontró un antecedente que alimenta su esperanza de conseguir una excepción. En 2025, Independiente del Valle recibió autorización para disputar una semifinal de la Sudamericana en el Banco Guayaquil pese a que el estadio no llegaba al mínimo de capacidad previsto. Los brasileños analizan ese caso, aunque su director deportivo, Admar Lopes, aclaró que todavía no realizaron una gestión formal ante Conmebol para pedir el mismo tratamiento.  “Estamos evaluando todas las posibilidades”, explicó Lopes. Y dentro de ellas mencionó explícitamente São Januário, Maracaná y Engenhão, como también se conoce al Nilton Santos. La única prioridad que hoy parece definida es permanecer en Río de Janeiro.  Si Conmebol mantiene la exigencia reglamentaria, quedan entonces dos grandes alternativas. La primera, y naturalmente la más impactante, es el Maracaná. Para nosotros, escuchar ese nombre inevitablemente despierta recuerdos. Allí perdimos la final de la Libertadores 2023 frente a Fluminense y ahora podría aparecer nuevamente en nuestro camino continental, aunque esta vez para disputar la revancha de una semifinal. Vasco quiere utilizarlo, pero la situación no es sencilla. El estadio es administrado por el consorcio integrado por Flamengo y Fluminense y recientemente el club cruzmaltino ya tuvo problemas para conseguirlo. Incluso existieron disputas judiciales alrededor de su utilización. A eso se suma el calendario internacional de Flamengo y Fluminense, que puede condicionar su disponibilidad.  De todas maneras, durante los últimos días el panorama comenzó a abrirse. El calendario de las competencias continentales podría permitir acomodar los encuentros y en Brasil incluso surgieron versiones que indican que Conmebol vería con buenos ojos disputar Vasco-Boca en el Maracaná. Eso todavía no equivale a una confirmación oficial.  Si esa negociación no prospera, aparece el Nilton Santos, estadio de Botafogo. Tiene capacidad suficiente para cumplir el reglamento y representa una alternativa mucho menos conflictiva. Por eso hoy aparece como el plan más lógico si Vasco no consigue el Maracaná y Conmebol tampoco autoriza excepcionalmente la utilización de São Januário.  Para Boca, de cualquier manera, hay algo mucho más importante que el nombre del estadio. Tenemos que aprender de lo que ocurrió contra San Pablo. Fuimos al Morumbí con una ventaja mínima conseguida en La Bombonera y logramos completar la clasificación. Eso era justamente lo que le reclamábamos a este equipo después de tantos problemas jugando como visitante: personalidad para afrontar una noche pesada lejos de casa. Ahora el desafío vuelve a ser parecido. La serie contra Vasco comenzará en La Bombonera y se resolverá en Brasil. Eso obliga nuevamente a aprovechar nuestra localía. No podemos viajar a Río dependiendo de una hazaña. Hay que intentar construir acá una diferencia que nos permita jugar la revancha con inteligencia. Y tampoco podemos cometer el error de creer que Vasco será accesible simplemente porque no está entre los grandes candidatos habituales del fútbol brasileño. Llegó hasta semifinales por algo. Eliminó a Independiente Santa Fe y volverá a disputar una semifinal continental después de 15 años. Tendrá ilusión, gente movilizada y la posibilidad de definir en Río.  Pero nosotros también tenemos razones para ilusionarnos. Boca superó una serie durísima contra San Pablo y ahora está solamente a 180 minutos de volver a disputar una final internacional. Después de todo lo que atravesamos durante el año, estar acá no es poca cosa. Por eso el estadio importa, pero no puede convertirse en una excusa anticipada. Si es São Januário, habrá que jugar ahí. Si es el Nilton Santos, también. Y si finalmente nos toca regresar al Maracaná, será imposible que aquella noche de 2023 no aparezca durante la previa. Quizás hasta tenga algo especial. Tres años después de aquella final que todavía duele, Boca podría volver al mismo estadio buscando otra final continental. Primero habrá que esperar la decisión de Vasco y Conmebol. Hoy no existe sede oficialmente confirmada y desde el propio club brasileño aseguran que habrá novedades próximamente.  Nosotros mientras tanto tenemos que ocuparnos de lo nuestro. São Januário, Nilton Santos o Maracaná. Que Vasco elija dónde. Boca tiene que prepararse para algo mucho más importante: ir a Brasil y volver con el pasaje a la final.