Boca necesitaba una noche así. No porque Central Córdoba fuera un rival que permitiera sacar conclusiones definitivas ni porque una victoria en el torneo local tape todo lo que todavía tiene que mejorar el equipo. Pero sí porque, en medio de una serie durísima con San Pablo y con la cabeza inevitablemente puesta en el Morumbí, los suplentes respondieron y le dieron aire a Arruabarrena. Miralo acá: ¨La Bombonera fue una fiesta¨ El 3-1 en La Bombonera tuvo un arranque prácticamente perfecto. A los cinco minutos, Ángel Romero abrió el marcador y, antes del primer cuarto de hora, Enner Valencia estampó el 2-0. Boca salió decidido, agresivo y con una intensidad que no siempre aparece cuando el Vasco rota tanto el equipo.  Y eso hay que valorarlo. Porque una de las grandes discusiones que venimos teniendo alrededor de este plantel es justamente cuánto puede confiar Arruabarrena en los que habitualmente esperan. Boca tiene titulares que están claramente por encima de varias alternativas y eso obliga muchas veces a exigir demasiado a los mismos nombres. Contra Central Córdoba, por lo menos por una noche, varios de esos suplentes dijeron presente. El gran protagonista fue Ángel Romero. El paraguayo fue titular por primera vez en el semestre y respondió con dos goles. Primero apareció rápido para romper el partido y después, ya en el segundo tiempo, sacó un remate desde afuera del área para marcar el 3-0. Una actuación que no solamente sirvió para ganar, sino también para recordarle al Vasco que tiene otra variante disponible.  Y justo en su caso hay un detalle interesante. Romero venía quedando relegado y hasta quedó metido involuntariamente en el escándalo de la planilla ante Vélez por ser el sexto extranjero anotado. Esta vez pudo hablar exclusivamente desde adentro de la cancha. Eso es lo mejor que puede pasarle a cualquier jugador. Después está Enner Valencia. Acá también corresponde ser justos. Lo venimos cuestionando porque llegó con una trayectoria enorme, con 36 años y con la obligación de rendir ahora. No había margen para esperar eternamente a que apareciera. Contra Gimnasia tuvo su primera titularidad y dejó poco. Frente a Central Córdoba, en cambio, consiguió algo que necesitaba muchísimo: su primer gol con la camiseta de Boca.  No significa que ya esté todo solucionado. Un gol no borra las dudas anteriores ni alcanza para justificar por sí solo su llegada. Pero para un delantero, y especialmente para uno que viene buscando adaptación y confianza, romper el cero puede cambiar bastante. Ahora queremos continuidad. Si Boca lo fue a buscar por su experiencia y su capacidad goleadora, necesitamos que este sea el comienzo y no una excepción. El partido también dejó otro dato importante: Boca pudo cuidar a varios de los habituales sin resignar los tres puntos. Eso era fundamental. Paredes, Merentiel, Velasco y varios de los que vienen sosteniendo el equipo tenían que llegar lo mejor posible a la revancha con San Pablo. El Vasco necesitaba rotar, pero también necesitaba evitar que la rotación se transformara otra vez en pérdida de puntos. Esta vez salió bien, y la gente lo festejó: Mirá!! Boca jugó un partido serio, como después destacó Arruabarrena, sostuvo durante muchos minutos un nivel interesante y consiguió tres puntos que además le sirven para acomodarse en el Clausura. Con la victoria llegó a los 14 puntos y quedó quinto en la Zona A, mientras que en la tabla anual subió al cuarto lugar y quedó a una unidad de Vélez, último equipo que por ahora está entrando a la Libertadores 2027.  Eso tampoco es menor. Porque por más que la Sudamericana concentre toda nuestra atención, Boca no puede abandonar el campeonato. Hay una obligación permanente de competir en todos los frentes y también de posicionarse para las copas del año siguiente. Lo menos positivo volvió a aparecer sobre el final. Con el partido prácticamente liquidado, Central Córdoba descontó a los 44 minutos mediante Martín Cuitiño. No modificó nada, pero otra vez Boca perdió el arco en cero en una situación que ya estaba controlada.  No es para dramatizar. Tampoco hace falta transformar cada gol recibido en una crisis. Pero sí sirve como recordatorio: en Brasil no habrá margen para desconcentraciones. San Pablo necesitará atacar y Boca deberá sostener una ventaja mínima en un escenario mucho más exigente. Por eso este triunfo vale también como ensayo. No por el sistema ni por los nombres, sino por la respuesta de futbolistas que pueden terminar siendo necesarios en el Morumbí. Una serie internacional se puede definir con un cambio a los 70 minutos, con un suplente que entra bien o con alguien que aprovecha una pelota aislada. Romero mostró que quiere estar. Valencia finalmente convirtió. Y otros jugadores sumaron minutos sin obligar al Vasco a recurrir demasiado pronto a los habituales. Eso es una buena noticia. Ahora viene lo verdaderamente pesado. El martes Boca tendrá que defender el 1-0 conseguido en La Bombonera frente a San Pablo. Y ahí volverán los titulares, la presión, el Morumbí y una deuda que este equipo todavía tiene: jugar con autoridad lejos de casa. Pero por una noche podemos quedarnos con algo positivo. Boca rotó, ganó, descansó a varios de los importantes y encontró respuestas en futbolistas que necesitaban mostrarse. Romero aprovechó su oportunidad y Valencia abrió su cuenta. Justo antes de viajar a Brasil, el Vasco recibió señales desde el banco. Y en una serie que puede necesitar a todos, eso vale mucho.