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El papelón de Riquelme ya tiene fecha para conocer su desenlace

El Tribunal de Disciplina de AFA resolvería el jueves 17 de septiembre el reclamo de Vélez por los seis extranjeros que Boca incluyó en la planilla. Mientras esperamos el fallo, hay algo que ya no tiene discusión: la dirigencia puso en riesgo una clasificación por un error administrativo inadmisible.

  • 08/09/2026 • 01:14

Boca ganó en la cancha. Eliminó a Vélez por penales, sufrió como casi siempre y consiguió meterse en los cuartos de final de la Copa Argentina. Pero después apareció lo que nunca tendría que haber ocurrido: una planilla con seis futbolistas extranjeros, cuando la normativa permite cinco, y un reclamo formal del Fortín que ahora obliga a esperar una resolución de escritorio para saber si aquello que conseguimos jugando sigue teniendo validez. 

Ahora ya sabemos cuándo podría terminar esta historia. Fabián Berlanga, presidente de Vélez, aseguró que el Tribunal de Disciplina daría a conocer su determinación el jueves 17 de septiembre, apenas diez días antes del partido de cuartos de final ante Racing, previsto para el 27. Es decir que Boca deberá convivir todavía varios días con una incertidumbre que jamás tendría que haber existido. 

Y queremos volver a marcar algo porque acá no hay que correr el eje: el problema no es que Vélez reclame.

Vélez está utilizando una vía reglamentaria que considera válida y está en todo su derecho de hacerlo. Berlanga explicó que el departamento legal del club recomendó presentar la protesta porque Boca había incluido seis extranjeros en la planilla y sostuvo que, según su interpretación, la consecuencia debería ser la pérdida del partido por 3-0. 

Podemos discutir si esa sanción finalmente corresponde o no.

Podemos debatir si Ángel Romero, que permaneció en el banco, debe ser considerado como participante. Podemos analizar si el artículo citado por Vélez es aplicable a la Copa Argentina, porque TyC Sports remarcó que la norma invocada pertenece a la Liga Profesional mientras que esta competencia se encuentra bajo la órbita de AFA. Incluso el Tribunal deberá resolver si unifica criterios o interpreta de otra manera los reglamentos. 

Todo eso lo decidirán los abogados y el Tribunal.

Pero nosotros tenemos otra discusión.

¿Cómo llegó Boca a esta situación?

Porque una cosa es que exista una controversia reglamentaria compleja, llena de interpretaciones jurídicas y artículos contradictorios. Otra muy distinta es que el club más grande de la Argentina llegue a un partido eliminatorio y alguien permita firmar una planilla con seis extranjeros cuando existe un límite que debía ser revisado antes de salir al campo.

Álvaro Montero, Leandro Lozano, Sebastián Villa, Enner Valencia, Carlos Palacios y Ángel Romero aparecieron en la nómina. Seis nombres. No estamos hablando de una combinación matemática imposible ni de una norma escondida en la letra chica de un contrato internacional. 

Estamos hablando de contar hasta cinco.

Por eso esta bala sigue yendo directamente hacia la dirigencia.

No tiene responsabilidad Montero. No tiene responsabilidad Villa. No tiene responsabilidad Valencia. Tampoco Romero por haber estado sentado en el banco. Y el cuerpo técnico puede responder por cómo arma futbolísticamente un equipo, pero una estructura profesional debe tener personas encargadas específicamente de controlar habilitaciones, documentación, reglamentos y planillas.

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Juan Román Riquelme es el presidente de Boca. Eso no significa que personalmente haya escrito los nombres ni que haya confeccionado el documento, pero sí significa que la estructura administrativa funciona bajo su conducción. Y cuando un error de esa estructura amenaza con dejar al club afuera de una competencia, el presidente no puede quedar completamente separado del problema.

Ese es el punto.

Ya dijimos que Riquelme jugador ocupa un lugar que nadie va a borrar. Es uno de nuestros máximos ídolos. Pero Riquelme presidente tiene que ser evaluado como presidente. Y esto, independientemente de cuál termine siendo la sanción, fue un papelón.

Porque imaginemos por un segundo el peor escenario.

Boca había eliminado a Vélez en una noche en la que Álvaro Montero terminó convertido en héroe después de atajar dos penales en la definición. Los jugadores hicieron su trabajo. Arruabarrena y su cuerpo técnico consiguieron avanzar. El hincha festejó.

¿Y todo eso podría desaparecer porque alguien no controló correctamente una planilla?

Es inexplicable.

También hay algo peligroso en reducir toda la defensa de Boca a que “no hubo ventaja deportiva”. Es cierto que solamente cinco extranjeros ingresaron al campo y Romero no jugó. Ese argumento puede ser jurídicamente importante y podría terminar inclinando la resolución a favor de Boca.

Pero administrativamente no alcanza.

Porque el objetivo de una dirigencia profesional no debería ser cometer una infracción y después demostrar que no sacó ventaja. El objetivo tiene que ser no cometerla.

Boca no puede vivir esperando que después un Tribunal interprete favorablemente los errores de quienes tienen la obligación de conocer el reglamento.

Y si finalmente el fallo mantiene nuestra clasificación —algo perfectamente posible por las diferencias reglamentarias que deberá analizar el Tribunal— tampoco debería aparecer nadie festejándolo como una victoria dirigencial.

No.

La victoria fue la de los jugadores contra Vélez.

Si el Tribunal rechaza el reclamo, lo único que habrá ocurrido será que Boca sobrevivió a un problema generado por su propia administración.

Eso no transforma el error en acierto.

Mucho menos cuando el calendario ya tiene a Racing esperando por el ganador de esta historia. La definición recién llegaría el 17 y el partido de cuartos está previsto para diez días después. Boca debería estar preparando normalmente ese encuentro y no mirando el teléfono para enterarse si sigue o no en una Copa que ganó dentro de la cancha. 

Nosotros queremos que Boca siga adelante. Queremos jugar contra Racing y queremos ganar la Copa Argentina.

Precisamente por eso exigimos otra cosa.

Un club de esta dimensión necesita dirigentes que anticipen problemas, estructuras profesionales que controlen cada detalle y responsables que aparezcan cuando algo sale mal. No podemos acostumbrarnos a que primero ocurra el error y después todo quede reducido a esperar cómo lo interpreta AFA.

El 17 de septiembre conoceríamos finalmente la resolución.

Ese día sabremos si Boca conserva la clasificación o si el reclamo de Vélez prospera.

Pero hay una sentencia que no necesita ningún Tribunal: la dirigencia de Riquelme expuso innecesariamente a Boca a una situación que jamás debía existir. Si finalmente seguimos en la Copa, será un alivio. No dejará de haber sido un papelón.