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Boca se acostumbró a ponerse obstáculos solo

El empate en Mendoza fue apenas otra señal de un problema más profundo. El plantel quedó corto, varios refuerzos no responden y la dirigencia acumula decisiones que obligan a Boca a sobrevivir incluso a sus propios errores.

  • 06/09/2026 • 10:29

Lo de Gimnasia de Mendoza ya pasó y no tiene sentido repetir otra vez cómo se escaparon dos puntos en el final. El problema es otro y bastante más preocupante: Boca parece haberse acostumbrado a complicarse solo.

No hablamos únicamente de resultados. Hablamos de una estructura deportiva que llega constantemente al límite, de un plantel que obliga a Arruabarrena a exprimir titulares porque no confía en varias alternativas y de una conducción que insiste en mostrarse conforme con un grupo que, cuando llegan las bajas, queda demasiado expuesto. 

Riquelme sostiene públicamente que está contento con el plantel. Nosotros miramos lo que tiene el Vasco cuando necesita rotar y nos cuesta entender semejante tranquilidad. Porque una cosa es que un suplente tenga menos jerarquía que el titular, algo absolutamente normal. Otra muy diferente es que ante dos o tres ausencias importantes el equipo pierda funcionamiento, equilibrio y hasta variantes básicas para modificar un partido.

Ahí aparece una responsabilidad que excede ampliamente al entrenador.

Arruabarrena puede equivocarse con un cambio, con una formación o con la decisión de cerrar un partido con cinco defensores. Y cuando ocurra habrá que marcarlo. Pero también hay que mirar qué herramientas tiene disponibles. Contra Gimnasia terminó recurriendo a una estructura ultradefensiva porque prácticamente se quedó sin mediocampistas confiables para sostener el encuentro. Paredes viene exigido, Delgado está lesionado y Ascacíbar acumula una enorme carga física, mientras que varios de los reemplazantes no consiguieron ganarse la confianza del técnico. 

Eso no aparece de un día para otro. Es consecuencia del armado del plantel.

Boca gastó dinero, incorporó nombres y presentó refuerzos, pero cantidad nunca significó necesariamente soluciones. Hoy tenemos futbolistas que llegaron para ser importantes y terminaron convertidos en alternativas ocasionales. Otros directamente quedaron relegados. Y cuando el calendario exige rotar, aparecen todas las costuras juntas.

El caso de Enner Valencia, por ejemplo, empieza a exigir respuestas. Llegó con una trayectoria enorme y nosotros queremos que le vaya bien, pero Boca no contrata currículums: necesita rendimiento actual. Si un delantero incorporado para darle jerarquía al ataque todavía no consigue convertirse en una solución real cuando le toca jugar, entonces algo está fallando. Puede ser adaptación, edad, funcionamiento colectivo o nivel individual. Lo que no podemos hacer es mirar para otro lado eternamente.

Lo mismo ocurre con Carlos Palacios, Williams Alarcón y otros futbolistas que fueron sumados para ampliar las posibilidades del plantel. No se trata de pegarles gratuitamente. El punto es mucho más simple: si el entrenador llega a septiembre y no confía plenamente en varios jugadores que la dirigencia le puso a disposición, entonces el mercado merece ser revisado críticamente.

Y ahí volvemos inevitablemente a quienes conducen.

Durante demasiado tiempo en Boca se confundió defender una gestión con justificar cada decisión. Si un refuerzo no funciona, parece prohibido decirlo. Si el plantel queda corto, aparece alguna explicación. Si surge un problema administrativo, se minimiza. Si el equipo gana sufriendo, el resultado tapa todo durante unos días.

Hasta que vuelve a aparecer la realidad.

Los buenos resultados muchas veces funcionan como maquillaje. Boca estuvo a minutos de llevarse el triunfo en Mendoza y probablemente muchas de estas discusiones habrían quedado escondidas debajo de los tres puntos. El empate simplemente volvió visibles problemas que ya estaban ahí. 

Eso es justamente lo que tenemos que evitar como hinchas: evaluar todo únicamente según si una pelota entró o no en el minuto 93.

Porque Boca puede ganarle a San Pablo el martes y eso no transformará automáticamente al plantel en perfecto. Puede avanzar en la Sudamericana y seguir teniendo falencias. Puede eliminar a Racing en Copa Argentina y continuar necesitando mejores decisiones desde arriba. Una copa puede cambiar un semestre, pero no debería borrar los errores de gestión.

El punto más preocupante es que esto empieza a formar un círculo difícil de romper. El entrenador confía en pocos, entonces utiliza demasiado a esos pocos. Los titulares se cargan de minutos, aparecen molestias y lesiones, llega la rotación y el equipo pierde nivel. Entonces el técnico vuelve rápidamente a los mismos de siempre y el desgaste aumenta otra vez.

Mientras tanto, Boca compite en tres frentes.

Eso es jugar con fuego.

Y no podemos aceptar como normal que un club con los recursos, la infraestructura y la dimensión de Boca llegue a momentos decisivos dependiendo de que Paredes aguante físicamente, de que Ascacíbar no se rompa o de que determinados juveniles solucionen agujeros que deberían haber sido previstos desde el armado del plantel.

Los pibes tienen que aparecer porque tienen condiciones, no porque la planificación dejó un hueco.

También debemos separar responsabilidades. Los futbolistas pueden jugar bien o mal y serán evaluados por eso. Arruabarrena debe responder por sus decisiones futbolísticas. Pero el diseño general del plantel pertenece a la dirigencia. Y si las piezas no alcanzan, si varias incorporaciones no convencen al técnico o si en septiembre hay puestos que siguen dependiendo de improvisaciones, no se puede trasladar toda la culpa al banco de suplentes.

Boca ya tiene demasiados rivales como para convertirse además en su propio enemigo.

El martes llega San Pablo a La Bombonera y queremos ganar. Queremos que el Vasco encuentre el equipo, que aparezca Paredes, que Merentiel vuelva a ser determinante y que el estadio empuje como siempre. Pero independientemente de lo que ocurra en esos 90 minutos, hay preguntas que la dirigencia debería empezar a responder.

¿Realmente este plantel está a la altura de todo lo que Boca pretende jugar? ¿Se incorporó bien o simplemente se incorporó mucho? ¿Por qué el entrenador confía en un grupo tan reducido? ¿Y por qué cada problema parece descubrirse cuando ya estamos al borde de pagar las consecuencias?

Porque el rival puede ganarnos. Eso forma parte del fútbol.

Lo que resulta mucho más difícil de aceptar es que Boca siga entregándole ventajas a los demás desde adentro.