Rodolfo Arruabarrena no buscó excusas después del empate de Boca en Mendoza. Y está bien que así sea. Nosotros también nos fuimos con bronca después de ver cómo un partido que estaba 2-1 terminó 2-2 en los últimos minutos. El Vasco lo resumió de la manera más clara posible: “Es un empate con sabor a derrota”.  Boca había conseguido ponerse dos veces arriba frente a Gimnasia gracias a los goles de Alan Velasco y Kevin Zenón, pero terminó cediendo terreno sobre el cierre y pagando caro sus errores defensivos. Arruabarrena reconoció exactamente eso. Dijo que la sensación era haber perdido dos puntos porque el equipo no tuvo la capacidad de frenar los ataques del rival ni de manejar los tiempos cuando el partido pedía justamente eso.  Y ahí está la cuestión principal. Nosotros podemos entender perfectamente que el Vasco haya decidido rotar. Boca venía de un partido muy intenso contra Vélez por Copa Argentina y apenas unos días después tiene que recibir a San Pablo por los cuartos de final de la Sudamericana. El propio entrenador explicó que habían pasado poco más de 60 horas desde aquel encuentro y que la exigencia física obligaba a cambiar nombres.  Eso no se discute. Lo que sí tenemos que discutir es por qué Boca todavía no sabe cerrar determinados partidos. Porque no fue simplemente que Gimnasia encontró un gol aislado. El Vasco reconoció que en el tramo final el equipo cedió campo, permitió centros y dejó de controlar el desarrollo. Había armado una defensa con tres centrales y dos carrileros justamente para sostener la ventaja, pero durante los últimos diez minutos el plan dejó de funcionar.  Arruabarrena también dejó una frase que debería quedar marcada dentro del plantel: esto tiene que servir de enseñanza. A este nivel, explicó, regalar terreno y cometer errores puede terminar costando un empate o directamente una derrota. Y eso será todavía más importante el martes, porque contra San Pablo no habrá demasiado margen para regalar minutos.  Nos gusta que el entrenador no intente vendernos otra realidad. Boca hizo un partido correcto durante varios pasajes, generó situaciones y tuvo buenos rendimientos individuales, pero si vas ganando hasta el cierre y te empatan de esa manera, no podés salir satisfecho. El propio Vasco contó que el ánimo del vestuario no era bueno y que todos lamentaban lo ocurrido.  También hubo palabras para Alan Velasco, una de las mejores noticias de la tarde. Arruabarrena destacó que está atravesando un buen momento, que ganó confianza y que viene creciendo partido a partido. Nosotros venimos esperando exactamente eso de él. Boca hizo una inversión importante y necesita que Velasco deje de ser apenas una promesa de buen rendimiento para convertirse en un jugador capaz de marcar diferencias con continuidad. En Mendoza respondió con un gol y buenas intervenciones.  El Vasco también se refirió a Matías Satas, que tuvo su debut y respondió en una posición que no es la más habitual para él. Arruabarrena valoró que el juvenil estuviera a la altura y terminara bien físicamente. Para un pibe que recién empieza, eso ya es una señal positiva. No hay que cargarlo de responsabilidades ni buscar convertirlo inmediatamente en una solución permanente, pero sí celebrar que otro jugador del Predio haya podido dar el primer paso.  Santiago Ascacíbar, en tanto, ni siquiera pudo estar en el banco porque atravesó un cuadro febril durante la noche anterior. El técnico explicó que el Ruso venía acumulando varios partidos y que no estaba en condiciones de participar. Otra razón más para entender una rotación que, insistimos, era necesaria.  Y después apareció inevitablemente el tema Vélez. Arruabarrena decidió no profundizar sobre la protesta por la inclusión de extranjeros en la planilla de Copa Argentina. Se apoyó en lo que ya había manifestado Riquelme y sostuvo que Boca entiende que no obtuvo ninguna ventaja deportiva con esa situación.  Ahí nuestra mirada no cambia. El cuerpo técnico puede concentrarse en lo futbolístico y está bien que el Vasco no quiera meterse en una discusión administrativa. La responsabilidad sobre esa planilla corresponde a quienes manejan institucionalmente el fútbol del club. Arruabarrena tiene bastante con corregir lo que ocurrió dentro de la cancha como para cargar también con un problema reglamentario que debió resolverse desde un escritorio. Ahora todo cambia rápidamente. Boca recibe a San Pablo y el empate de Mendoza tiene que quedar atrás, aunque no olvidado. Porque puede servir como advertencia. Frente a Gimnasia dejamos escapar dos puntos. Frente a San Pablo, una desconcentración semejante puede comprometer una serie completa. Por eso esta vez coincidimos completamente con el Vasco. Fue un empate con sabor a derrota. No porque Boca haya jugado un desastre, sino porque tuvo la victoria en las manos y no supo defenderla. La autocrítica sirve; ahora necesitamos que también sirva la enseñanza. Contra San Pablo no alcanza con jugar bien durante 80 minutos: hay que estar concentrados hasta el último segundo.