Hay cosas que en Boca no pueden pasar. Y, sin embargo, siguen pasando. Después del desastre del césped de la Bombonera, que obligó al equipo a mudarse a la cancha de Huracán, llegó otro golpe para el socio: cientos de abonados y socios que tenían prioridad para ingresar al partido frente a Estudiantes se quedaron afuera, mientras aparecían entradas a la venta por $40.000. La bronca es enorme y tiene una explicación muy simple. El abonado paga durante todo el año cifras millonarias porque el club le garantiza un lugar en cada partido como local. Esa fue siempre la regla. Sin embargo, esta vez Boca cambió el sistema, obligó a reservar la ubicación y miles de abonados quedaron sin su lugar por la menor capacidad del Ducó. Pero lo más indignante vino después. Mientras muchos socios miraban el partido desde sus casas porque no habían conseguido una entrada, comenzaron a circular tickets con un valor de $40.000. Y el gran enojo de los hinchas es que no se trataba simplemente de reventa entre particulares: la denuncia apunta a que existían localidades comercializadas por canales habilitados mientras quienes sostienen económicamente al club habían quedado afuera. Como hinchas de Boca, cuesta entender esta lógica. Primero nos sacan de nuestra cancha porque el césped quedó en un estado vergonzoso. Después nos obligan a mudarnos al Ducó. Luego cambian las reglas para los abonados y dejan afuera a miles de personas que pagaron durante todo el año. Y, para completar el cuadro, aparecen entradas disponibles para la venta. La responsabilidad política de todo esto tiene nombre y apellido. Juan Román Riquelme y la dirigencia son quienes administran el club y quienes deben dar explicaciones. El problema no es solamente jugar en Huracán. El problema es que el perjudicado termina siendo, otra vez, el socio que hace el esfuerzo económico para acompañar a Boca todos los fines de semana. Lo más preocupante es el mensaje que se le da al hincha. El que paga el abono, cumple con la cuota y acompaña siempre no tiene garantizado su lugar. En cambio, aparecen localidades a la venta para otros espectadores. Esa contradicción es la que generó una indignación masiva y que la dirigencia todavía no explicó de manera convincente. Boca ganó dentro de la cancha y eso siempre se celebra. Pero afuera volvió a perder. Porque un club tan grande no puede darle la espalda a quienes lo sostienen todos los días. Los dirigentes pasan. El hincha queda. Y el hincha merece respeto, no destrato. La victoria frente a Estudiantes dejó tres puntos importantes. Lo ocurrido con las entradas dejó una herida mucho más difícil de cerrar. Porque cuando el propio socio siente que fue el último de la fila, algo está funcionando muy mal.