La paciencia del hincha de Boca tiene un límite. Después de semanas de malos resultados, la mudanza obligada al estadio de Huracán por el desastre del césped de la Bombonera terminó provocando otro escándalo, esta vez fuera de la cancha. El sistema implementado por el club para repartir las entradas dejó a cerca de 14.000 abonados sin la posibilidad de asistir al partido frente a Estudiantes. Y la bronca es totalmente entendible. El abonado de Boca no es un socio común. Es el que paga cifras millonarias todos los años para tener asegurada su platea, su butaca y su lugar en cada partido como local. Nunca tuvo que reservar una entrada porque justamente ese fue el compromiso que asumió el club cuando vendió esos abonos. Sin embargo, esta vez todo cambió. Como Boca hará de local en el Tomás Adolfo Ducó, la dirigencia decidió implementar un sistema de reserva previa. El problema fue que la capacidad del estadio de Huracán no alcanza para todos y miles de abonados quedaron automáticamente afuera. Es decir, el hincha paga durante todo el año para tener un derecho adquirido y, cuando llega el momento de usarlo, descubre que depende de un sistema de reservas y de la suerte. Una situación difícil de justificar. Lo más llamativo es que toda esta polémica nace por un problema que también pudo haberse evitado. Boca no juega en la Bombonera porque el estado del campo de juego se volvió insostenible. El césped llegó a desprenderse durante un partido oficial de Copa Sudamericana y obligó a cerrar el estadio para realizar trabajos de recuperación. El resultado es que el perjudicado termina siendo, otra vez, nosotros. Las redes sociales explotaron de bronca durante toda la jornada. Miles de abonados expresaron su enojo al quedarse sin entradas pese a cumplir religiosamente con el pago de sus carnets. Muchos sienten que el club incumplió con aquello que les había garantizado cuando adquirieron el abono anual. Y esa sensación de injusticia se entiende. Porque siempre acompañamos. En las buenas, en las malas y en las peores. Aguantamos la goleada con Riestra, sufrimos el empate con Newell's, acompañamos al equipo en la clasificación por penales en Chile y ahora, cuando llega el momento de volver a alentar de local, descubrimos que ni siquiera tiene asegurado el ingreso. El problema ya no pasa solamente por el cambio de estadio. Pasa por la forma en que se manejó la situación. El abonado siente que perdió un derecho por el que pagó muchísimo dinero y que terminó pagando las consecuencias de errores que no fueron suyos. Porque una cosa es mudarse por una emergencia. Otra muy distinta es que los que siempre sostienen a Boca sean los primeros en quedarse afuera. Esa es la verdadera bronca que hoy nos invade.