Boca volvió a mostrar dos caras y, otra vez, dejó una imagen preocupante. En el Coloso Marcelo Bielsa empató 2-2 con Newell's por la tercera fecha del Torneo Clausura, en un partido que parecía tener controlado, pero que terminó convirtiéndose en otra muestra de las enormes falencias que arrastra el equipo de Rodolfo Arruabarrena. El Xeneize había golpeado primero. Santiago Ascacíbar abrió el marcador de cabeza tras un preciso centro de Sebastián Villa y daba la sensación de que Boca podía empezar a recuperar confianza después de la sufrida clasificación por penales frente a O'Higgins. Sin embargo, esa tranquilidad duró muy poco. En el complemento apareció nuevamente el peor Boca. Newell's reaccionó y en apenas unos minutos dio vuelta el resultado con los goles de Matías Cóccaro y del juvenil Luca Regiardo. Otra vez el equipo mostró graves problemas defensivos, perdió intensidad y quedó completamente desorientado, como ya había ocurrido en la goleada sufrida frente a Deportivo Riestra. Lo más preocupante fue que, después del 2-1, Boca estuvo mucho más cerca de recibir el tercer gol que de encontrar el empate. La Lepra desperdició situaciones para liquidar el encuentro y el conjunto de Arruabarrena volvió a depender de arrestos individuales para mantenerse con vida. Recién en los minutos finales apareció Alan Velasco para marcar el 2-2 y evitar una nueva derrota que hubiera profundizado todavía más la crisis futbolística. El empate terminó teniendo sabor a muy poco. Boca sigue sin ganar en el Torneo Clausura y continúa dejando muchas dudas en cada presentación. Ni la clasificación en la Copa Sudamericana ni el regreso de Leandro Paredes alcanzaron para cambiar el funcionamiento de un equipo que pierde solidez con demasiada facilidad y que vuelve a sufrir cada vez que el rival lo presiona. El punto conseguido en Rosario evita otra caída, pero no cambia el diagnóstico. Boca volvió a desperdiciar una ventaja, volvió a mostrar fragilidad defensiva y volvió a depender de una reacción sobre el final para no irse con las manos vacías. Para un club de su historia, rescatar un empate después de haber estado al borde de otra derrota está muy lejos de ser un motivo para celebrar.