Boca volvió a caminar por la cornisa. En una noche cargada de sufrimiento en Rancagua, el equipo de Rodolfo Arruabarrena cayó 1-0 frente a O'Higgins, no logró sostener la ventaja obtenida en el partido de ida y necesitó de los penales para mantenerse con vida en la Copa Sudamericana. Desde los doce pasos fue más efectivo, ganó 4-3 y consiguió el boleto a los octavos de final, donde enfrentará a Deportivo Recoleta de Paraguay. Lejos de mostrar una mejor versión después del papelón sufrido ante Deportivo Riestra, Boca volvió a quedar en deuda. El conjunto chileno fue superior durante varios pasajes del encuentro, generó las situaciones más claras y encontró el gol que igualó la serie gracias a Francisco González, obligando al Xeneize a definir la clasificación desde el punto del penal. El equipo de Arruabarrena tuvo muchas dificultades para imponer condiciones. Leandro Paredes intentó hacerse cargo de la conducción, pero Boca volvió a mostrar problemas para generar juego, sufrió defensivamente y casi se despide del certamen en los noventa minutos. Sobre el cierre incluso estuvo cerca de recibir el segundo gol, aunque logró sostener el resultado y llevar la definición a los penales. En la tanda apareció la eficacia que había faltado durante el partido. Boca se impuso por 4-3 y terminó celebrando una clasificación que vale mucho desde lo deportivo, pero que no alcanza para esconder las falencias futbolísticas que viene mostrando el equipo. Más que alivio, el pasaje a octavos dejó preocupación por el nivel exhibido frente a un rival que estuvo muy cerca de eliminarlo.   El Xeneize sigue en carrera en la Copa Sudamericana, pero las dudas permanecen intactas. Después de la histórica derrota ante Riestra y del sufrimiento extremo en Chile, el equipo continúa sin convencer. La clasificación le da una vida más, aunque el funcionamiento sigue muy lejos de lo que exige la historia de Boca y la paciencia de los hinchas vuelve a ponerse a prueba.