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Román, ¿en serio le echás la culpa al hincha?

Después de años de frustraciones deportivas, eliminaciones internacionales y decisiones que debilitaron al plantel, Juan Román Riquelme eligió cuestionar la exigencia del hincha de Boca. Un mensaje que cayó muy mal entre quienes sostienen al club domingo tras domingo.

  • 23/07/2026 • 10:14

Juan Román Riquelme volvió a hablar y, una vez más, eligió poner el foco en el hincha. El presidente de Boca defendió el "ADN Boca", cuestionó la impaciencia y sostuvo que el club debe mantener su identidad por encima de las críticas:  «La pelota no entra, que queres que haga»

Pero hay una pregunta que hoy se hacen miles de socios e hinchas: ¿con qué autoridad se le reclama paciencia al pueblo de Boca?

Porque el hincha no juega. El hincha no arma el plantel. El hincha no elige entrenadores. El hincha no decide los mercados de pases. El hincha hace lo único que puede hacer: llenar la Bombonera, viajar miles de kilómetros, pagar una cuota cada vez más cara y seguir alentando incluso cuando el equipo lo decepciona.

Si alguien perdió el ADN de Boca, difícilmente haya sido la gente.

Boca fue eliminado de la Copa Libertadores, pasó a disputar la Sudamericana, cambió entrenadores, tuvo mercados de pases llenos de improvisaciones y dejó escapar oportunidades deportivas que hace algunos años parecían impensadas. Mientras tanto, el único que nunca dejó de estar fue el hincha.

Resulta llamativo que Riquelme hable de exigencia como si fuera un problema. La exigencia no nació ahora. Boca fue grande justamente porque su gente nunca se conformó. Carlos Bianchi ganó todo porque entendía que salir segundo era un fracaso. Los ídolos históricos convivieron con esa presión y la transformaron en títulos. Eso también es el ADN de Boca.

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El presidente parece olvidar que él mismo fue el máximo símbolo de esa rebeldía. Como jugador nunca aceptó las derrotas, discutió con dirigentes cuando creyó que Boca no estaba a la altura y defendió al club por encima de cualquier cargo. Hoy, desde el sillón presidencial, les pide paciencia a los mismos hinchas que durante años lo ovacionaron incondicionalmente.

Lo más preocupante no son las declaraciones. Lo preocupante es que llegan en un contexto donde los resultados siguen sin aparecer. Boca todavía busca reconstruirse, necesita seguir incorporando jugadores y vuelve a afrontar una Copa Sudamericana que, para un club de esta historia, representa un objetivo menor respecto de la Libertadores.

Nadie discute la enorme historia de Riquelme como futbolista. Eso quedó escrito para siempre. Pero ser el máximo ídolo no convierte automáticamente en acertadas todas las decisiones como dirigente.

El hincha de Boca no necesita que le expliquen qué significa el ADN del club. Lo vive desde la cuna. Lo que espera es un equipo competitivo, una conducción que se haga cargo cuando las cosas salen mal y dirigentes que entiendan que la exigencia no es un defecto: es la consecuencia natural de representar al club más grande del país.

Criticar al hincha por reclamar más, cuando es el único que jamás abandonó al equipo, no parece el mejor camino. Porque si Boca perdió terreno en los últimos años, difícilmente haya sido por culpa de la gente. Esa responsabilidad está bastante más arriba del alambrado.