La llegada de Leandro Lozano debería representar una buena noticia. Y probablemente lo sea. El lateral uruguayo viene de un gran presente en Argentinos Juniors, tiene continuidad, experiencia y llega con el respaldo de Rodolfo Arruabarrena. Pero su incorporación también deja al descubierto una realidad incómoda. Boca vuelve a gastar millones para intentar solucionar exactamente el mismo problema. Uno que arrastra desde hace casi una década. Los números son contundentes. Desde 2016 hasta hoy, el club desembolsó más de 13 millones de dólares en laterales derechos. Leonardo Jara. Julio Buffarini. Luis Advíncula. Lucas Blondel. Juan Barinaga. Y ahora Leandro Lozano. Seis incorporaciones. Más de trece millones de dólares. Y ninguna solución definitiva. El caso de Jara fue el primero. Llegó durante la etapa de Guillermo Barros Schelotto con la misión de convertirse en dueño del puesto. Tuvo momentos aceptables. Ganó títulos. Pero nunca terminó de generar unanimidad. Después apareció Buffarini. Quizás uno de los que mejor rendimiento mostró. Pero tampoco logró transformarse en una referencia duradera dentro del equipo. Más tarde llegó Advíncula. Una inversión importante. Un jugador de selección. Un futbolista que dejó algunos partidos memorables en Copa Libertadores. Especialmente aquella corrida histórica frente a Deportivo Pereira y varias actuaciones internacionales que todavía recuerdan los hinchas. Sin embargo, tampoco consiguió resolver el problema de fondo. Porque incluso en sus mejores momentos, el debate sobre el lateral derecho nunca desapareció. La gestión actual intentó seguir corrigiendo la situación. Llegó Blondel. Después Barinaga. Y ahora aparece Lozano. Otra vez Boca vuelve al mercado para comprar un lateral. Otra vez invierte millones. Y otra vez lo hace porque ninguno de los anteriores terminó consolidándose. Ahí es donde surge la discusión más profunda. Porque el problema ya no parece ser el puesto. El problema parece ser la planificación. Si después de seis incorporaciones y más de trece millones de dólares invertidos el club sigue buscando una solución, evidentemente algo falló. Y mucho. Arruabarrena ahora tendrá la responsabilidad de intentar cortar esa racha. Su idea futbolística necesita laterales con recorrido. Con agresividad ofensiva. Y con capacidad para sostener el equilibrio defensivo. Por eso Lozano fue una prioridad. El Vasco entiende que esa banda es fundamental para el funcionamiento del equipo. Y por eso pidió una incorporación específica. Nosotros creemos que Lozano puede rendir. Tiene condiciones para hacerlo. Y llega en uno de los mejores momentos de su carrera. Pero también creemos que su contratación deja una enseñanza que Boca no debería ignorar. No alcanza con gastar. No alcanza con incorporar. No alcanza con cambiar nombres cada mercado. Los equipos se construyen con planificación. Con ideas claras. Y con decisiones coherentes. Porque cuando un club gasta más de trece millones de dólares para resolver un mismo puesto y todavía sigue buscando respuestas, el problema ya no es el lateral derecho. El problema está mucho más arriba. Y Boca lleva demasiado tiempo intentando corregirlo.