Se terminó el descanso. Y también se terminó la paciencia. Boca volvió a los entrenamientos después de veinte días de vacaciones y Rodolfo Arruabarrena dejó un mensaje contundente desde el primer minuto. Acá nadie tiene el lugar asegurado. El Vasco inició la pretemporada en Ezeiza con jornadas de doble turno, concentración y una fuerte exigencia física para empezar a cambiar la imagen que dejó el equipo durante el primer semestre. Pero la noticia más fuerte no estuvo dentro de la cancha. Estuvo en los nombres. Porque apenas comenzó el ciclo, Arruabarrena les comunicó a Juan Barinaga, Marcelo Weigandt, Agustín Martegani y Lucas Janson que no serán tenidos en cuenta y que deberán buscar una salida en este mercado de pases. Una decisión que sorprendió por la rapidez, pero que confirma que el nuevo entrenador llegó con poder de decisión. La limpieza no termina ahí. Ander Herrera y Edinson Cavani ya rescindieron sus contratos y dejaron de formar parte del proyecto deportivo. Además, otros futbolistas continúan siendo evaluados mientras la dirigencia negocia posibles transferencias para seguir reduciendo un plantel que Arruabarrena considera demasiado extenso. Al mismo tiempo, el nuevo cuerpo técnico comenzó a mirar hacia las inferiores. Dylan Gorosito, Camilo Rey Domenech y Leonel Flores fueron promovidos de manera permanente para trabajar con la Primera División. Una señal clara de que el Vasco pretende darle más protagonismo al patrimonio futbolístico del club. Mientras tanto, el mercado de pases se mueve. Boca ya inició negociaciones por Jhohan Romaña para reforzar la defensa y continúa buscando un arquero, un lateral derecho, un mediocampista creativo, un extremo y un centrodelantero. También sigue abierta la posibilidad del regreso de Sebastián Villa, una operación que genera debate entre los hinchas y dentro del propio club. Lo más interesante de estas primeras horas es que Arruabarrena parece estar haciendo exactamente lo que muchos hinchas reclamaban. Tomar decisiones. Sin especulaciones. Sin esperar seis meses para comprobar lo que ya estaba a la vista. Porque varios de los jugadores separados venían teniendo un rendimiento muy cuestionado y habían perdido terreno incluso antes de la llegada del nuevo entrenador. Nosotros creemos que la depuración era inevitable. El problema es que vuelve a dejar expuesta una realidad incómoda para la dirigencia. Muchos de los futbolistas que hoy son borrados llegaron durante la gestión de Riquelme. Algunos fueron apuestas. Otros refuerzos importantes. Y varios terminaron costando millones de dólares al club. Por eso esta limpieza no solamente habla de Arruabarrena. También habla de los errores de planificación que Boca acumuló durante los últimos años. El Vasco recién empieza. Pero ya dejó una certeza.No vino a administrar problemas. Vino a tomar decisiones. Y los primeros en sentirlo fueron los jugadores.