Juan Román Riquelme ganó la votación. Pero quizás perdió algo más importante. El consenso. La Asamblea Ordinaria realizada en la Bombonera terminó con la aprobación del presupuesto impulsado por el oficialismo, incluyendo los fondos destinados a la primera etapa de ampliación del estadio. Como era previsible, la mayoría propia alcanzó para avanzar sin sobresaltos. Sin embargo, detrás de la foto formal quedó una discusión mucho más profunda que empieza a recorrer los pasillos del club. La pregunta ya no es si Boca tiene dinero. La pregunta es hacia dónde va Boca. Y esa fue exactamente la discusión que intentó instalar Boca La Causa durante la Asamblea y posteriormente en los medios:  pusieron sobre la mesa una crítica que va mucho más allá de la tradicional pelea entre oficialismo y oposición. No cuestionaron la estabilidad económica del club. Tampoco negaron la importancia de las obras. Lo que cuestionaron es algo más delicado: la falta de información, de participación y de planificación estratégica. -¨...necesitamos una identidad, una metodología...¨; ¨Ningún proyecto de estadio debe convertirse en un proyecto político...¨. ¨Necesitamos un club históricamente sólido, deportivamente competitivo, institucionalmente transparente, socialmente participativo, moderno y con futuro...¨ Porque mientras Boca sigue mostrando balances saludables, el fútbol profesional atraviesa una crisis que ya no puede esconderse detrás de los números. Tres años y medio sin títulos locales importantes. Eliminaciones internacionales. Cambios permanentes de entrenadores. Refuerzos que no funcionaron. Y una sensación cada vez más extendida entre los socios de que el proyecto deportivo cambia cada seis meses. El referente de la Agrupación Boca La Causa, Diego Lajst dejó claro que después de los últimos fracasos deportivos, especialmente la eliminación de la Copa Libertadores, Riquelme perdió credibilidad en la conducción futbolística del club y que muchas de las decisiones actuales responden más a la urgencia que a una planificación real. - ¨ ...creo que después del 28 de mayo, Riquelme perdió total credibilidad sobre la gestión futbolística de Boca y y siento que son todos manotazos de ahogado y en la desesperación vamos a seguir cometiendo errores.¨ - ¨Para mí, el Boca que queremos en el futuro es el Boca de los socios. El Boca que mantenga esta economía sólida, pero que realmente sea deportivamente competitivo, que institucionalmente, como recién hablábamos, sea transparente de una vez por todas, que amplíe socialmente su participación en el barrio, que sea un club moderno, no puede ser que no tengamos un desarrollo tecnológico, que no podamos comunicar masivamente a todos los socios lo que está sucediendo en el día a día del club, que aumente su infraestructura como está proponiendo el presupuesto, aunque no conocemos a detalle el proyecto, pero que sean ambiciosos en sus objetivos. No que se ría el presidente cuando Boca pierde, porque realmente nos está cargando a todos los socios. Pero sobre todo, creo que tenemos que ser unidos los socios de Boca en las grandes decisiones coyunturales del club. Me parece que la unidad o el juntarse por el solo hecho de ganarle al oficialismo no tiene ningún tipo de sentido¨.   Y es difícil ignorar algunos datos. En pocos años pasaron por el banco de Boca entrenadores con perfiles completamente distintos. Algunos llegaron como apuestas. Otros como emergencias. Y ahora aparece Rodolfo Arruabarrena como una nueva esperanza para intentar apagar el incendio. La pregunta es inevitable. ¿Existe realmente un proyecto deportivo? ¿O Boca sigue dependiendo exclusivamente de las decisiones personales del presidente? La discusión sobre la Bombonera también dejó una señal política fuerte. Mientras el oficialismo celebró la aprobación de los fondos para la ampliación, desde Boca La Causa remarcaron que no están en contra de agrandar el estadio. Lo que rechazan es que una decisión que impactará durante décadas se tome sin participación de los socios ni información completa sobre el proyecto definitivo. La propuesta que llevaron a la Asamblea es casi una declaración de principios. Concurso abierto. Jurados independientes. Participación de especialistas. Consulta a los socios. Y una decisión institucional que sobreviva a cualquier gobierno de turno. Porque para ese sector el problema de Boca no es solamente el estadio. Es el modelo de conducción. Es la falta de diálogo. Es la ausencia de consensos. Y es la sensación de que cada vez más decisiones pasan por una sola oficina. Tal vez por eso una de las frases más fuertes de la jornada fue también la más simple. "Las personas pasan. Las gestiones terminan. Boca permanece". En definitiva, la Asamblea dejó una victoria administrativa para Riquelme. Los números cerraron. El presupuesto fue aprobado. Las obras seguirán adelante. Pero también dejó algo que quizás el oficialismo no esperaba. Una oposición que ya no se limita a criticar. Una oposición que empieza a construir un discurso político propio. Y un sector de socios que comienza a preguntarse si Boca está siendo pensado para los próximos veinte años o simplemente para los próximos veinte meses. Riquelme ganó la votación. Pero la discusión sobre el futuro de Boca recién empieza.