El mercado de pases de Boca acaba de sumar un capítulo explosivo. Porque cuando parecía que toda la atención estaba puesta en Rodolfo Arruabarrena, los refuerzos y la reestructuración del plantel, Juan Román Riquelme decidió avanzar personalmente por un nombre que inevitablemente divide opiniones. Sebastián Villa. El colombiano viene de ser una de las grandes figuras de Independiente Rivadavia y desde hace varias semanas su nombre volvió a sonar con fuerza en los pasillos de la Bombonera. Pero ahora la historia dejó de ser un rumor. Riquelme tomó el teléfono y se comunicó directamente con Daniel Vila, presidente del club mendocino, para empezar a negociar un posible regreso del delantero. La llamada tiene un contexto muy particular. Días atrás, Vila había expresado públicamente su malestar porque Boca mantenía conversaciones con el entorno del jugador sin haber iniciado contactos formales con Independiente Rivadavia. "Me gusta que cuando entran a mi casa me toquen el timbre", había dicho el dirigente mendocino en un mensaje claramente dirigido a la conducción xeneize. Riquelme recogió el guante. Y decidió involucrarse personalmente. Un gesto que demuestra hasta qué punto Boca considera importante la posibilidad de recuperar a Villa. No será una negociación sencilla. Daniel Vila ya dejó en claro que Independiente Rivadavia no piensa regalar a su máxima figura. Incluso aseguró públicamente que el club lo tiene valuado en 10 millones de dólares, aunque también reconoció que existe una cláusula de salida por una cifra inferior. Ahí aparece uno de los principales desafíos para Boca. Encontrar una fórmula económica que permita acercar posiciones. Porque más allá del deseo del jugador y del interés de Riquelme, Independiente Rivadavia sabe perfectamente el valor futbolístico que tiene Villa dentro de su proyecto. Y no pretende desprenderse fácilmente de él. Desde lo deportivo, la explicación es bastante simple. Boca necesita desequilibrio. Necesita velocidad. Necesita uno contra uno. Y necesita futbolistas capaces de romper partidos cerrados. Villa supo ofrecer exactamente eso durante varios años con la camiseta azul y oro. Fue criticado muchas veces. Fue discutido. Pero también fue uno de los jugadores más determinantes del fútbol argentino durante gran parte de su ciclo en el club. Por eso su nombre vuelve a aparecer. Porque Boca busca recuperar protagonismo. Y porque Arruabarrena necesita herramientas para construir un equipo competitivo en la segunda mitad del año. Nosotros creemos que esta negociación va mucho más allá de una simple incorporación.Porque Villa representa uno de los debates más profundos que atraviesan al mundo Boca. Por un lado están quienes recuerdan al futbolista desequilibrante que ganaba partidos prácticamente solo. Por otro lado aparecen quienes consideran que su ciclo ya terminó y que el club debería mirar hacia adelante. La discusión existe. Y seguramente seguirá creciendo en los próximos días. Lo que ya no admite discusión es otra cosa. Riquelme quiere a Villa. Por eso llamó personalmente a Daniel Vila. Por eso decidió encabezar las negociaciones. Y por eso Boca está dispuesto a intentar una operación que hace apenas algunas semanas parecía imposible. La novela recién empieza. Pero en la Bombonera ya saben que el regreso más polémico del mercado está oficialmente en marcha. Y acá aparece una pregunta inevitable. Hace apenas unos días, distintos trascendidos aseguraban que Rodolfo Arruabarrena regresaba con una condición clara: tener participación real en las decisiones futbolísticas y en la conformación del plantel. Sin embargo, la gestión personal de Juan Román Riquelme para avanzar por Sebastián Villa vuelve a instalar las dudas. ¿Es este un pedido del Vasco o una decisión tomada directamente desde la presidencia? ¿Estamos frente al primer refuerzo consensuado de esta nueva etapa o ante otro caso donde las decisiones importantes pasan por otro escritorio? Muchos hinchas celebran la posible vuelta de Villa por sus condiciones futbolísticas, pero otros observan con atención el funcionamiento interno. Porque si Arruabarrena llegó para tener autonomía y construir su propio proyecto, este mercado de pases será la primera prueba. Boca necesita saber quién conduce realmente el fútbol del club. Y el regreso de Villa puede transformarse en el primer gran examen de esa promesa de libertad que tantos esperan para el nuevo entrenador.