Una decisión que muchos hinchas ven como una admisión de que algo no venía funcionando, refuerzos y su opinión será determinante a la hora de definir qué futbolistas llegarán al club. Arruabarrena pretende involucrarse directamente en la construcción del plantel. No solamente marcar qué posiciones necesitan refuerzos. También definir nombres concretos. Jugadores específicos. Perfiles determinados. Y eso representa una diferencia enorme respecto a los mercados anteriores. La eliminación de la Copa Libertadores dejó mucho más que una herida deportiva. Dejó preguntas. Dejó cuestionamientos. Y dejó la sensación de que Boca necesita cambiar muchas más cosas que el nombre del entrenador. Durante las últimas semanas los hinchas discutieron sobre Claudio Úbeda. Sobre los jugadores. Sobre los errores arbitrales. Sobre los rendimientos individuales. Pero con el correr de los días la discusión fue tomando otra dirección. Porque cuando un club cambia siete entrenadores en pocos años y los problemas siguen apareciendo, resulta inevitable empezar a mirar más arriba. Y parece que algo de eso entendió Juan Román Riquelme. Por eso la llegada de Rodolfo Arruabarrena podría traer una modificación mucho más importante de lo que parece. Al dejar que el Vasco tenga una participación decisiva en la conformación del plantel y en la elección de los refuerzos que llegarán durante este mercado de pases, que podrá parecer algo normal en vualquier club, no lo es en Boca.  Puede parecer algo lógico. Pero en Boca no es un dato menor. Porque una de las críticas más repetidas durante los últimos años apuntó justamente a la forma en que se construían los planteles. Muchas veces los entrenadores terminaban recibiendo futbolistas que no habían pedido. O jugadores que respondían más a una decisión de la dirigencia que a una necesidad futbolística específica. Por eso la decisión de darle mayor participación a Arruabarrena parece marcar un cambio de rumbo. O al menos un intento. Porque Boca necesita algo más que incorporar nombres. Necesita construir una idea. Necesita formar un plantel coherente. Y necesita que exista una relación directa entre los futbolistas que llegan y la idea de juego del entrenador. El Vasco, además, no llega en cualquier momento. Llega después de uno de los golpes deportivos más fuertes de los últimos años. Llega con la obligación de reconstruir un vestuario golpeado. Y llega sabiendo que no tendrá demasiado margen para equivocarse. Por eso pretende tener voz y voto en las decisiones importantes. Y eso incluye los refuerzos. La lista de temas urgentes es larga. - Definir qué ocurrirá con Exequiel Zeballos. - Resolver la situación de varios futbolistas que podrían salir. - Buscar alternativas para reforzar sectores que quedaron muy debilitados. - Y comenzar a construir un equipo competitivo para afrontar la Copa Sudamericana. Porque más allá del golpe de la Libertadores, Boca sigue teniendo la obligación de pelear todo. Nosotros creemos que esta noticia es mucho más importante de lo que parece. Porque detrás de una simple decisión de mercado se esconde un mensaje político muy fuerte. Por primera vez en mucho tiempo, Riquelme parece dispuesto a ceder parte del control futbolístico. Y eso no ocurre por casualidad. Ocurre porque los resultados obligan. Ocurre porque la presión crece. Y ocurre porque incluso muchos hinchas que apoyaron la gestión comienzan a pedir cambios profundos. La pregunta ahora es si este giro llega a tiempo. Porque Boca necesita recuperar credibilidad. Necesita volver a competir seriamente. Y necesita terminar con una sensación que se instaló durante demasiado tiempo: la de que los entrenadores pasaban, pero las decisiones importantes siempre se tomaban en otro lugar. Arruabarrena aceptó el desafío. Y parece haber puesto una condición clara. Si va a conducir el equipo, quiere participar de verdad. Quiere elegir. Quiere decidir. Quiere hacerse responsable. Y para muchos hinchas eso es exactamente lo que Boca necesita. No porque el Vasco tenga todas las respuestas. Sino porque después de tantos años, quizás llegó el momento de que el entrenador vuelva a ser realmente el entrenador. Y no solamente la cara visible de decisiones tomadas por otros.