La crisis futbolística que atraviesa Boca obligaba a tomar una decisión rápida. La eliminación en la fase de grupos de la Copa Libertadores dejó heridas profundas. No sólo por el golpe deportivo que significó quedar afuera del principal objetivo de la temporada, sino también porque volvió a poner bajo la lupa a toda la conducción futbolística del club. Con Claudio Úbeda fuera de escena, Juan Román Riquelme salió a buscar un reemplazante. Y el elegido fue un viejo conocido. Rodolfo Arruabarrena. El Vasco recibió el llamado del presidente de Boca y las conversaciones avanzaron rápidamente. Salvo un giro inesperado, será el próximo entrenador del equipo y tendrá por delante el desafío más complejo de su carrera: devolverle credibilidad a un Boca que parece haber perdido el rumbo. La noticia generó reacciones de todo tipo entre los hinchas.  Por un lado aparecen quienes recuerdan con cariño su primer ciclo. Un Boca campeón. Un Boca competitivo. Un Boca que ganó el torneo local y la Copa Argentina en 2015. Un Boca que tenía una identidad reconocible y que supo ser protagonista. Pero también están quienes observan la decisión con desconfianza. Porque sienten que una vez más Riquelme vuelve a buscar respuestas dentro de su círculo de confianza. La lista de entrenadores elegidos durante la gestión tiene un denominador común: todos tienen una fuerte identificación con el club. Para muchos eso es una virtud. Para otros, una limitación. Porque Boca parece mirar siempre hacia atrás cuando necesita construir el futuro. Lo cierto es que Arruabarrena llega con mucho más recorrido que aquel entrenador que dejó la Bombonera hace una década. Después de su salida desarrolló una extensa carrera internacional. Dirigió en Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Arabia Saudita y Egipto. Ganó títulos. Sumó experiencia. Y aprendió a gestionar planteles en contextos muy diferentes. Hoy vuelve con un perfil mucho más maduro y con una espalda profesional que no tenía en 2015. Sin embargo, el desafío será enorme. Porque el problema de Boca parece ir mucho más allá del entrenador. Por eso el Vasco no tendrá demasiado tiempo para acomodarse. Desde el primer día deberá dar respuestas. Deberá reconstruir la confianza de un plantel golpeado. Deberá potenciar jugadores que vienen en bajo nivel. Y sobre todo deberá devolverle a Boca una identidad que hace tiempo parece perdida. Nosotros creemos que Arruabarrena merece la oportunidad. Porque su primer ciclo dejó títulos, buenos números y una idea futbolística clara. Pero también creemos que el verdadero examen no será para el Vasco. Será para Riquelme. Porque si después de siete entrenadores el club sigue repitiendo los mismos errores, quizás el problema ya no esté sentado en el banco de suplentes. La llegada de Arruabarrena puede ser el comienzo de una recuperación. O puede transformarse en otro capítulo de una historia que los hinchas están cansados de ver repetirse. La respuesta empezará a aparecer muy pronto. Y Boca ya no tiene margen para equivocarse.