Porque esto ya no es solo fútbol. Porque el partido se juega… pero todo lo que lo rodea cambia.   Boca Juniors llegó ayer a Ecuador para enfrentar a Barcelona en Guayaquil en un contexto especial: hay toque de queda nocturno vigente en la provincia de Guayas, donde se disputará el partido. Una medida que forma parte de un operativo de seguridad por la crisis que atraviesa el país.  Y nosotros lo sentimos. No se suspende. No se modifica. El partido se juega igual. Pero las condiciones son distintas. El toque de queda rige de 23:00 a 05:00, y eso obliga a que todo sea contrarreloj.    Porque el partido arranca a las 19 (hora local) y termina cerca de las 21. Y ahí empieza otra historia: hinchas, periodistas y delegaciones tienen un margen muy corto para salir del estadio y volver a sus hoteles antes de que empiece la restricción.    Aunque, claro está, la salida del plantel xeneize rumbo al aeropuerto deberá tener la mayor celeridad posible, aunque las autoridades contemplen que pudiera entrar dentro de las excepciones. Y eso genera preocupación. Porque Guayaquil es una de las zonas más afectadas por estas medidas. Porque el contexto de seguridad no es el mejor. Y porque todo esto se suma a un partido que ya de por sí es una final.   Nosotros lo vemos claro. No cambia lo que pasa en la cancha… pero sí todo lo que lo rodea. Más controles. Más organización. Más tensión.nY eso también juega.   Porque no es lo mismo llegar tranquilo… que hacerlo en medio de un operativo de seguridad. No es lo mismo salir del estadio con tiempo… que tener que hacerlo corriendo contra el reloj.   Pero Boca tiene que abstraerse. Y en este contexto raro, incómodo, condicionado…Boca tiene que hacer lo que sabe: Jugar. Competir. Y ganar.