Porque este partido no se negocia. Porque después de lo que pasó en Brasil, sabemos que en Ecuador hay que responder. Y Boca Juniors ya tiene una decisión fuerte: Adam Bareiro no juega.   La expulsión en Belo Horizonte no solo dejó bronca. También condicionó el armado del equipo. Y Claudio Úbeda decidió cambiar. Nosotros ya lo vemos. Se viene un Boca con lo mejor, pero con una modificación clave en ataque. El equipo que se perfila para enfrentar a Barcelona en Guayaquil tiene a Agustín Marchesín en el arco; una defensa con Marcelo Weigandt, Lautaro Di Lollo, Ayrton Costa y Lautaro Blanco; en el medio el eje con Santiago Ascacíbar, Leandro Paredes y Milton Delgado, más la creatividad de Tomás Aranda; y arriba la dupla Miguel Merentiel–Milton Giménez.  Y ahí está la clave. Sale Bareiro… entra Giménez. Un cambio que no es menor. Porque Giménez viene en racha, viene haciendo goles, viene pidiendo pista. Y ahora tiene la oportunidad en un partido grande, de esos que marcan. Aunque Exequiel Zeballos es otra alternativa, sobre todo tras levantar el nivel en Santiago del Estero y volver a una versión similar a la que supo mostrar antes de la lesión, hoy corre de atrás principalmente por una cuestión táctica. Si el Changuito jugara con la Bestia, a Boca le faltaría un centrodelantero de referencia, característica que le ha dado mucho réditos últimamente con Bareiro. Y nosotros lo sentimos así. Es un Boca que va con lo mejor. Es un Boca que entiende el contexto. Es un Boca que no puede fallar. Porque el Grupo D está al límite. Todos con los mismos puntos, todo apretado, todo por definirse.  Entonces no hay margen. Hay que ganar. Hay que responder. Hay que recuperar terreno. Y este equipo tiene ese mensaje. Más equilibrio en el medio. Más movilidad arriba. Más intensidad para un partido pesado. Ahora la pelota está ahí. Y nosotros ya lo sabemos: En la Copa estos partidos no se explican. Se juegan.