Porque también se juega con la cabeza. Y en este caso, Boca decidió pensar a futuro. Adam Bareiro ni siquiera integró el banco de suplentes en el triunfo 2-1 ante Central Córdoba. Sí, después de todo lo que se habló en la semana, finalmente Claudio Úbeda tomó la decisión más conservadora: no arriesgarlo. Y nosotros lo entendemos. Bareiro estaba al límite de amarillas. Tenía cuatro, y una más lo dejaba afuera de los octavos de final del Torneo Apertura. En un momento donde cada detalle cuenta, el cuerpo técnico eligió no correr riesgos innecesarios. Por eso no jugó. Ni titular, ni suplente. Directamente afuera del partido. Y eso marca algo. Porque más allá de la necesidad de ganar —que se terminó cumpliendo— Boca ya estaba clasificado. Entonces la prioridad pasó a ser otra: llegar a los playoffs con todos disponibles. Y en ese plan, cuidar al 9 era clave. Sobre todo después de una semana complicada para él, marcada por la expulsión en Brasil y todo lo que generó. Este descanso también sirve desde lo mental, para bajar un cambio y enfocarse en lo que viene. Además, hay un dato importante. Al comenzar los octavos de final, las amarillas se limpian. O sea, Bareiro va a llegar en cero, sin condicionamientos, listo para jugar sin esa presión extra. Y eso es ventaja. Porque lo queremos en cancha. Pero también lo queremos disponible.   Y esta vez, Boca eligió eso. Pensar más allá del partido. Cuidar a una pieza importante. Porque lo que viene…es donde realmente se define todo