Porque hay partidos que se juegan… y hay partidos que se sienten. Y este fue de esos que te dejan bronca.  Porque lo vivimos así. No fue solo una derrota. Fue de esas noches que te quedan atravesadas.   En el Mineirao el partido arrancó como lo queríamos. Cerrado, peleado, de Copa. Nos paramos bien, no nos superaban y el 0-0 del primer tiempo mostraba eso: un Boca serio, metido, jugando el partido que había que jugar en Brasil.   Leandro Paredes recibió una amarilla a los 6 minutos del primer tiempo, tras chocar con Matheus Pereira, el capitán de Boca Junior empuja al 10 de Cruzeiro y se gana la primera tarjeta del partido. Y todo cambió antes del segundo tiempo. Sobre el final del primer tiempo, la expulsión de Adam Bareiro cambió todo. Doble amarilla, decisión discutida, y nosotros nos quedamos con 10 para todo el complemento. Ahí empezó otro partido.  Ésa fue la jugada que rompió el partido. La expulsión de Adam Bareiro. Y lo que más duele es eso: fue injusta. Nos deja con esa sensación de que otra vez, en la Copa, pasan cosas que inclinan la cancha. El delantero paraguayo, que ya estaba amonestado, recibió la segunda tarjeta luego de levantar el brazo para intentar cubrir la pelota e impactar con el mismo sobre el rostro de Christian. Y ahí nos quedamos con 10. Y ahí empezó otro partido. Porque con uno menos en Brasil no se juega, se resiste. Se corre el doble, se pelea el triple. Nos metimos atrás, aguantamos, tratamos de sostener el resultado en un clima cada vez más caliente. Y lo hicimos. El equipo no se cayó. No se entregó. Bancó el partido como lo que es Boca: con carácter, con personalidad, con esa forma de jugar la Copa que nos representa. El 0-0 al descanso mostraba eso: un partido duro, trabado, caliente.  El recientemente ingresado Néiser Villarreal convierte solo frente al arco, tras una buena acción de Kaio Jorge que se filtró por derecha y envió un centro preciso hacia atrás. Brey se arrojó pero no pudo manotear. Podría haber sido el segundo, pero el arquero de Boca Juniors evitó con los pies el gol . Al finalizar el partido, Ayrton Costa no tomó nada bien los gestos por parte de Matheus Pereira y dio comienzo a una bataola entre ambos planteles tras el pitazo final al duelo por Copa Libertadores. Nosotros  también nos quedamos con bronca. Porque sentimos que era un partido para otra cosa. Porque hasta la expulsión estábamos en partido. Porque no nos superaban. Y porque cuando te condicionan así, todo se hace cuesta arriba. Nosotros lo vimos claro. Un Boca que compitió. Un Boca que se plantó. Un Boca que jugó todo el segundo tiempo con 10. Y un partido que se calentó, que se ensució, que se fue de lo futbolístico.  Ahora queda eso. La bronca por lo que pudo ser. La sensación de que no nos ganaron desde el juego.Y la certeza de algo que no cambia: A Boca, en la Copa, hay que voltearlo. Y no es fácil.