Porque ahora sí. Se terminó la previa, el análisis, el “a ver qué pasa”. Boca ya empieza a mostrar las cartas para ir a Brasil y el hincha hace lo que hace siempre: mirar nombre por nombre y armar su propio equipo en la cabeza. Y hay pistas claras. Claudio Úbeda ya tiene en mente el once para enfrentar a Cruzeiro, en un partido que puede empezar a definir el grupo en la Copa Libertadores. La base está. Y hay decisiones que llaman la atención. El equipo que se perfila es con Leandro Brey en el arco; una defensa con Marcelo Weigandt, Lautaro Di Lollo, Ayrton Costa y Lautaro Blanco.                                                En el medio Santiago Ascacíbar, Milton Delgado, Leandro Paredes y Tomás Aranda; y arriba la dupla Miguel Merentiel–Adam Bareiro.                                                                     Un 4-4-2 bien plantado, con músculo en el medio y dos puntas para pelear todo. Boca llega bien. Ganó, viene en levantada y lidera su grupo.  Pero este es otro partido. Es Brasil. Es Cruzeiro. Es Copa. Y el rival ya avisó que no es ningún trámite. Entonces el foco pasa por otra cosa: carácter. Porque este tipo de partidos no se juegan solo con nombres. Se juegan con personalidad. “Si estos once se plantan… estamos para cualquiera”. Porque en Boca es así. Primero el equipo. Después, la ilusión