Porque esto es así. Vos lo ves a Paulo Dybala en Europa, la rompe, levanta copas, y lo primero que te sale es pensar: “¿y si viene a Boca?”. No es lógica, es sentimiento. Es Boca.   Y en medio de esa ilusión que nunca se apaga, apareció una voz que pesa de verdad. No cualquiera. El Mellizo, Guillermo Barros Schelotto. Uno de los nuestros. De los que saben lo que es jugar en la Bombonera y ganar con esa camiseta.   Y dijo lo que todos queríamos escuchar: que sería ideal que Dybala vuelva al país… y especialmente a Boca Juniors. Así, sin vueltas. Porque entiende lo que significa. Porque sabe que no es solo fútbol.  Porque el hincha lo siente así. Como un círculo que se cierra. Como pasó con Ángel Di María en su momento. Como pasa ahora con Leandro Paredes. Tipos que vuelven no por necesidad, sino por pertenencia. Y ahí es donde el sueño toma fuerza. Porque no estás hablando de cualquier refuerzo. Estás hablando de jerarquía mundial, de un campeón, de un distinto. De esos que te cambian un partido, pero también te cambian el ánimo de toda la cancha. Obvio que la realidad está ahí, firme. Dybala sigue en Europa, su carrera está en otro nivel de competencia, y no es una decisión que se tome de un día para el otro. Pero en Boca eso nunca frenó a nadie. Acá primero se sueña… después se ve. Y cuando un tipo como el Mellizo se mete en la conversación, no es humo. Es un guiño. Es Boca hablándose a sí mismo. Porque en el fondo, todos estamos pensando lo mismo: ¿te imaginás a Dybala con la azul y oro en la Bombonera? Y ahí ya no hay análisis. Ahí ya es piel.