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Boca fue al Monumental y pegó donde más duele

Con gol de Paredes de penal, el Xeneize le ganó 1-0 a RiBer, le cortó el invicto y se metió en octavos del Apertura.

  • 20/04/2026 • 06:41

El Superclásico no se juega, se gana. Y Boca lo entendió perfecto. En el Monumental, con todo en contra, con la gente rival empujando y con el contexto que siempre pesa, el equipo de Claudio Úbeda hizo lo que tenía que hacer: le ganó 1-0 a River y se llevó un triunfo que vale mucho más que tres puntos. 
 



El partido fue cerrado, trabado, típico de estos cruces donde nadie regala nada. RiBer arrancó mejor, con más intención, tratando de imponerse desde el arranque. Pero Boca se acomodó rápido, empezó a cerrar los espacios y a llevar el partido a donde más le convenía. 

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El desarrollo del partido mostró pocas situaciones de gol claras. RiBer sufrió la temprana lesión de Sebastián Driussi, reemplazado por Maximiliano Salas. Boca, por su parte, sufrió por los problemas físicos de Leandro Paredes, quien cedió su lugar a Ander Herrera.



La jugada que cambió todo llegó sobre el final del primer tiempo. Centro al área, pelota que pega en la mano de Lautaro Rivero y el VAR que no dudó. Penal. Y ahí apareció el capitán. Leandro Paredes se hizo cargo, no dudó y la mandó a guardar para silenciar el Monumental. 
 

En el segundo tiempo se vio lo que el hincha de Boca sabe reconocer. Un equipo firme, ordenado, que no se desespera. RiBer empujó, intentó, pero le faltó claridad. Boca, en cambio, supo jugar con la ventaja, manejar los tiempos y defender con inteligencia un resultado que era oro. 
 

Este triunfo no es uno más. Boca cortó el invicto de River, se metió en zona alta de la tabla y aseguró su clasificación a los octavos de final. Llegó a 24 puntos y confirmó que este equipo, que hace semanas generaba dudas, hoy empieza a consolidarse. 
 

También hay que decirlo: no fue un Boca brillante. No sobró nada. Pero en estos partidos no se pide lujo. Se pide carácter. Y Boca lo tuvo. Supo sufrir cuando tuvo que hacerlo, supo golpear en el momento justo y supo sostener la ventaja en una cancha donde no es fácil.

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El equipo de Úbeda mostró algo que el hincha venía esperando: una base, una idea y una respuesta en un partido grande. Con Paredes como líder, con Aranda apareciendo cada vez más y con un grupo que empieza a entender cómo jugar estos encuentros.



La polémica no tardó en aparecer y, como siempre, quedó ruido del otro lado. En una jugada dentro del área, Lautaro Blanco empujó desde atrás a Martínez Quarta, el defensor cayó y todo River salió disparado a pedir penal. Darío Herrera no compró, dejó seguir y el VAR tampoco intervino. Del lado xeneize se entendió como un roce propio del juego, de esos que en un clásico se dejan pasar, pero en Núñez explotaron de bronca y la protesta quedó instalada. Otra vez, el Superclásico se fue con discusiones… y con RiBer caliente.


Ahora nuestra sensación es clara. Boca está creciendo. Boca empieza a parecerse a lo que tiene que ser. Pero también está la exigencia: esto no puede ser un pico. Tiene que ser el punto de partida. Porque Boca no es de rachas cortas. Boca es de sostener.
 

Porque ganar un Superclásico en el Monumental no es casualidad. Es identidad. Y cuando Boca se conecta con eso… pasan estas cosas.