Boca llega al Superclásico… pero no llega completo. Y en un partido como este, eso pesa. Porque no es un partido más. Es River, es el Monumental y es un contexto donde no podés regalar nada. Sin embargo, el equipo de Claudio Úbeda tendrá cuatro bajas confirmadas que condicionan el armado.  Las bajas son claras. Agustín Marchesín, lesionado en la rodilla, quedó descartado y encendió la alarma en el arco. Su reemplazante será Leandro Brey, que enfrentará a River por primera vez, en tanto Javier García estará en el banco. Carlos Palacios también forma parte de la enfermería xeneize, ya que debió ser intervenido quirúrgicamente en marzo por un cuadro de sinovitis en su rodilla derecha. Desde el club lo esperan para mayo, pero la irrupción de Tomás Aranda en la Primera hizo que no se extrañen los servicios del chileno. Otra baja de peso, pero a la que el cuadro de la Ribera ya se acostumbró, es la de Rodrigo Battaglia. El ex Sporting Portugal fue operado en la pretemporada por la rotura del tendón de Aquiles y atraviesa aún una rehabilitación extensa. Su regreso se estima recién para junio. El último en formar parte de este pequeño grupo es Edinson Cavani, quien se recupera de una hernia de disco que lo marginó durante una buena parte de la actual campaña. El gran nivel de Adam Bareiro en contraparte al que mostró el uruguayo durante el tiempo que estuvo disponible hacen que la gran mayoría de la hinchada de Boca no vaya a extrañar al ex PSG. Las ausencias responden a un problema que Boca arrastra hace tiempo: lesiones, recuperaciones que no terminan de cerrarse y jugadores que no llegan en condiciones. En un calendario cargado, el equipo fue perdiendo piezas en el camino y ahora lo paga justo en la previa del partido más importante.   Siempre pasa lo mismo. Cuando Boca empieza a acomodarse… cuando empieza a levantar…aparecen las bajas. El problema no es solo quién falta. Es lo que representan. Porque en estos partidos no alcanza con nombres. Necesitás experiencia, jerarquía, carácter. Y cada ausencia te saca un poco de eso. Igual, Boca es Boca.   Y el Superclásico no se juega con lógica. Se juega con otra cosa. Con cabeza, con personalidad, con momentos. Y muchas veces, los que entran terminan siendo protagonistas.   Pero también hay una realidad que no se puede esquivar. Boca llega con lo justo. Y River no te perdona. Después, la cancha dirá. Porque Boca puede ganar igual. Puede competir igual. Pero el margen… es cada vez más chico. Se viene el Superclásico. Y Boca, otra vez, tiene que pelear contra todo.