Mientras Boca empieza a acomodarse en la Copa Libertadores, una noticia sacude su grupo y puede cambiar el escenario: Barcelona de Guayaquil podría recibir una sanción por parte de Conmebol tras un episodio de agresión a un árbitro en un partido ante Cruzeiro. El hecho ocurrió en el marco de un encuentro reciente del equipo ecuatoriano, donde se produjeron incidentes graves contra el juez del partido. La situación ya está en manos del ente sudamericano, que evalúa posibles sanciones disciplinarias que podrían ir desde multas económicas hasta medidas deportivas más severas. Durante la victoria por 1 a 0 de Cruzeiro gracias al gol de Matheus Pereira en la segunda etapa, el público presente en el Monumental Banco Pichincha de Guayaquil se mostró furioso con algunas decisiones de Benítez.  Una vez que éste pitó el final del encuentro, cayeron objetos hacia el campo de juego y, según explicaron medios allí presentes, un proyectil impactó contra la cara del paraguayo. En su informe el colegiado detalló lo sucedido e inmediatamente CONMEBOL abrió un expediente para analizarlo en profundidad. Si el ente madre del fútbol sudamericano determina que hubo una agresión adrede, el conjunto ecuatoriano podría ser duramente castigado.  Este escenario genera atención directa en Boca, ya que Barcelona es uno de sus rivales en el Grupo D. Cualquier sanción puede alterar el desarrollo de la competencia, ya sea por pérdida de puntos, suspensión de localía o condicionamientos en los próximos partidos.   En lo futbolístico, Barcelona aparece como un rival fuerte, con jerarquía y experiencia copera. Pero este tipo de situaciones también muestran otra cara: la tensión, el límite y los riesgos que se juegan en la Libertadores. La Copa no se juega solo en la cancha. También se juega en los detalles, en los contextos, en lo que pasa afuera.   Boca ya dio el primer paso. Ahora mira de reojo todo lo que pasa en su grupo. Porque en la Libertadores…cualquier cosa puede cambiarlo todo.