Boca no tiene respiro. Ganó en Chile, arrancó bien la Copa y ya tuvo que cambiar el chip. Lo que viene no da tiempo para festejos largos: Independiente, otra fecha de Libertadores y un calendario que aprieta. Por eso, Claudio Úbeda tomó una decisión que marca el momento del equipo: empezar a rotar.    El contexto es claro. Boca viene de un partido intenso ante Universidad Católica y en apenas unos días vuelve a jugar. Con esa seguidilla, el cuerpo técnico entiende que no puede arriesgar a todos los titulares. Y más aún sabiendo que lo importante no es un partido, sino todo lo que viene.    El primer dato fuerte es la ausencia de Leandro Paredes, suspendido por acumulación de amarillas. Pero no será el único cambio. Úbeda analiza cuidar a varios nombres que vienen cargados de minutos, como Miguel Merentiel —que arrastra una molestia—, Marcelo Weigandt y algunos jugadores del mediocampo y ataque.  Ahí es donde aparece la rotación. No como capricho, sino como necesidad. Jugadores como Ander Herrera, Alan Velasco, Milton Giménez o Ángel Romero pueden meterse en el equipo y tener su oportunidad en un clásico que, aunque siempre es importante, llega en el medio de una batalla más grande.  Ésto no es guardar jugadores…es jugar inteligentemente el semestre. Porque Boca no puede regalar nada. Pero tampoco puede romper a los que hoy sostienen al equipo. El desafío es claro. Rotar sin perder identidad. Cambiar nombres, pero no la idea. Mantener la competitividad incluso con variantes. Porque si algo dejó el debut en la Copa, es una certeza: Boca empieza a tener carácter. Ahora la pregunta es otra: ¿puede sostenerlo con un equipo alternativo? Porque en este mes, más que nunca, no gana el que juega mejor… gana el que llega entero