En la antesala del inicio de la Copa Libertadores, Leandro Paredes volvió a tocar un tema que desvela al mundo Boca: la posible llegada de Paulo Dybala. Y lejos de esquivar el tema, fue directo. “Para mí sería un sueño y para él también. Ojalá pueda estar acá, él tiene mucha ilusión”, aseguró el capitán en una entrevista con el sitio oficial del torneo. Una frase que no hace más que alimentar una novela que lleva meses instalada en el club.   No es la primera vez que Paredes deja este tipo de señales. La relación entre ambos, forjada en la Roma y en la Selección Argentina, es un factor clave que ilusiona. Boca apuesta a eso: al vínculo, al deseo y a la posibilidad de que Dybala elija cumplir ese sueño.   Pero la realidad es más compleja. Hoy, el delantero se recupera de una operación en su rodilla izquierda y su futuro inmediato sigue ligado al fútbol europeo. Recién en junio, cuando finalice su contrato, podría abrirse una ventana concreta.   Mientras tanto, desde el club mantienen la cautela. Marcelo Delgado ya había deslizado que “se evaluará la posibilidad”, sin confirmar avances firmes. Es decir, por ahora hay deseo… pero no negociación cerrada.   Y ahí aparece la dualidad que el hincha ya conoce:ilusión por un lado, incertidumbre por el otro. Porque mientras se habla de Dybala, Boca sigue sin cerrar refuerzos. Mientras se sueña en grande, el presente todavía no termina de convencer. Paredes también se refirió a Tomás Aranda, otra de las buenas noticias del club, destacándolo como uno de los juveniles que más lo sorprendió por su calidad y su forma de jugar. Pero el foco está en otro lado. En ese nombre que hace ruido. En ese sueño que vuelve una y otra vez. Si hay una mínima chance… hay que ir a buscarlo. Porque Boca necesita jerarquía. Porque la Libertadores no espera. Y porque hay sueños que no pueden seguir postergándose. Hoy es una ilusión. Mañana… quién sabe.