La situación de Leandro Paredes en Boca no es un detalle menor. El volante, capitán y eje futbolístico del equipo, acumula cuatro tarjetas amarillas y está al límite de la suspensión.    Esto significa algo muy concreto: si recibe una más, se pierde un partido automáticamente. Y en este caso, no es cualquier partido. En el horizonte aparece el Superclásico ante River, uno de los encuentros más importantes del semestre, que podría jugarse con el equipo sin su jugador más determinante.   El contexto agrava todo. Paredes no es solo un titular más: es el que ordena, el que maneja los tiempos y el que le da sentido al juego de Boca. Cuando él está, el equipo tiene otra cara. Cuando no está, Boca pierde claridad, conducción y presencia en el medio.    Por eso, el cuerpo técnico de Claudio Úbeda enfrenta un dilema incómodo. Por un lado, necesita a Paredes en todos los partidos para sostener el funcionamiento. Por el otro, sabe que cualquier infracción, protesta o jugada al límite puede dejarlo afuera justo en el peor momento. Y no es un dato menor cómo llegó a esta situación. La cuarta amarilla la vio en un contexto caliente, en el clásico ante San Lorenzo, lo que refleja también la intensidad con la que juega cada partido.    Ahora, cada encuentro previo al cruce con River se transforma en una prueba de equilibrio. Paredes tendrá que jugar con inteligencia, midiendo cada intervención, cada cruce y cada reacción. Algo difícil para un jugador que vive el partido como lo vive él.   Sin Paredes, Boca es otro equipo. Por eso, más allá de lo que pase en la tabla o en el juego, hay una preocupación clara: que el capitán llegue. Que esté. Que pueda jugar el partido que todos queremos ganar.   Porque en Boca hay partidos importantes…y después está River.