La Copa Libertadores metió un volantazo fuerte en el mapa sudamericano. Botafogo quedó eliminado tras perder 1-0 con Barcelona de Guayaquil, resultado que selló el 2-1 global para los ecuatorianos y mandó al equipo brasileño directo a la Sudamericana.   La noticia tiene doble lectura en Argentina. Para Boca, la caída del Fogão es un guiño claro del destino: evita desde el arranque a uno de los brasileños más incómodos, esos que en los últimos años marcaron buena parte del camino xeneize en la Copa. Para RiBer, en cambio, el panorama se vuelve más pesado. Botafogo se suma a una Sudamericana cargada de rivales duros —entre ellos Racing, San Lorenzo, San Pablo, Gremio y Atlético Mineiro— y complica aún más el recorrido del equipo de Núñez.   El golpe al conjunto brasileño se dio en el Nilton Santos, donde el gol de Milton Céliz en el primer tiempo le dio la clasificación a Barcelona y dejó afuera al Fogão antes de la fase de grupos.   En Boca el dato no pasa desapercibido. Aunque todavía falta el sorteo, evitar a un rival de ese peso desde el inicio es un alivio en un torneo donde los detalles suelen definir todo. La Libertadores recién empieza a armar su historia. Pero con la caída de Botafogo, el tablero ya cambió. Y en la Copa, cuando el camino se acomoda… hay que aprovecharlo