Cuando un ex DT habla de Boca, siempre hay ruido. Pero cuando ese ex DT deja frases con destinatario claro, el ruido se transforma en terremoto. Y eso fue lo que pasó con Diego Martínez, que en las últimas horas disparó munición pesada contra la gestión de Juan Román Riquelme.   Martínez dejó en claro que su salida no fue como él la imaginaba. Sin vueltas, insinuó diferencias internas y una falta de respaldo en momentos clave. No fue un descargo diplomático. Fue una declaración con tono de desahogo.   A su vez, afirmó que sí tenía un gran trato con Marcelo Delgado, miembro del ya disuelto Consejo del Fútbol: "Con él sentí un lindo clima de trabajo".   El entrenador habló de decisiones que no compartió y de situaciones que, según sus palabras, no se manejaron como correspondía. No mencionó insultos ni escenas dramáticas, pero sí dejó flotando algo que el hincha viene sintiendo hace tiempo: la convivencia entre cuerpo técnico y dirigencia no siempre es armónica en Boca.   Y cuando eso pasa, el equipo lo sufre. Martínez no fue el primero en irse con sabor amargo. En los últimos años, distintos protagonistas que pasaron por el banco xeneize dejaron entrever tensiones con el Consejo de Fútbol. Algunos lo dijeron con sutileza. Otros, como ahora, con más frontalidad. El hincha escucha y empieza a unir puntos. Porque más allá de los nombres propios, lo que preocupa es el patrón. Cuando se repite la sensación de desgaste interno, cuando los técnicos no terminan sus ciclos con tranquilidad, cuando las salidas dejan frases punzantes… algo no está funcionando como debería. Riquelme, como presidente, carga con esa responsabilidad. Es la cabeza del proyecto futbolístico. Y cuando un entrenador que estuvo bajo su conducción habla en ese tono, el impacto no es menor.   El ruido que no se apaga Boca necesita estabilidad. Necesita que el foco esté en la cancha. Necesita que las noticias sean goles, no declaraciones cruzadas. Pero hoy el escenario es otro: Un ex DT que apunta a la dirigencia. Un presente deportivo irregular. Un clima que no termina de serenarse. El hincha no es ingenuo. Sabe que el fútbol tiene egos, tensiones y decisiones difíciles. Pero también sabe que Boca no puede vivir en permanente fricción interna.   El socio quiere claridad. El hincha quiere orden.Y el equipo necesita respaldo real. Cuando las palabras empiezan a doler más que las derrotas, es momento de mirar puertas adentro. Porque Boca no puede ser un club donde los técnicos se van hablando entre líneas. Boca tiene que ser un club donde el proyecto hable por sí solo. Y hoy, más que nunca… la paz institucional también juega el campeonato.