El mercado de pases de Boca Juniors ya está en marcha, pero a falta de anuncios oficiales contundentes, la sensación entre los hinchas sigue siendo de frustración e incertidumbre. Tras la llegada de Marino Hinestroza, que colmó el cupo de extranjeros permitido por la reglamentación, el xeneize quedó sin posibilidad de incorporar más futbolistas foráneos en lo inmediato, una complicación que la dirigencia liderada por Juan Román Riquelme está tratando de destrabar con salidas, rescisión de contratos y posibles nacionalizaciones.    Este ajuste obligado del plantel viene acompañado de otras decisiones dirigenciales que no terminan de convencer. El club liberó plazas de extranjero gracias a la salida de Bruno Valdez, pero todavía no hay certezas sobre nuevos nombres que vistan la azul y oro más allá de Romero u otras especulaciones en el radar xeneize —algo que muchos hinchas veían como una urgencia tras la eliminación prematura de la Libertadores en 2025 y el pobre rendimiento en el torneo local.    En la misma línea, la dirigencia todavía lidia con una dispersión de futbolistas que regresaron de préstamos, de los cuales sólo Marcelo Weigandt se entrena con el primer equipo. La abundancia de jugadores sin lugar claro, sumada a un mercado escaso de altas, propone una foto inquietante: Boca tiene un plantel numeroso pero con pocas caras nuevas concretadas y muy pocos movimientos verdaderamente estratégicos.     La postura de Riquelme y la molestia xeneize Desde la dirigencia, Riquelme ha bajado la tensión en varias oportunidades, llegando a declarar que “no tenemos que volvernos locos” con el mercado de pases, respaldando el plantel actual incluso cuando quedó expuesto en zonas que claramente necesitan refuerzos de jerarquía.    Esta actitud calma por parte del presidente, que prioriza la confianza en el grupo existente por sobre una renovación ambiciosa, es motivo de críticas entre los fanáticos. Muchos sostienen que la dirigencia tiene más recursos y expectativas que ambiciones futbolísticas serias, y que la falta de movimientos concretos es una señal de que Boca podría llegar descubierto a competencias clave como la Copa Libertadores 2026 que empieza en abril.    Además, el hecho de que el club no haya podido terminar de cerrar nombres que eran considerados prioridades —como el deseado Marino Hinestroza que estuvo cerca de caerse— refuerza una sensación de desorden en la mesa de negociaciones, algo que los hinchas le recriminan directamente a la gestión actual.    El reclamo: menos palabras, más refuerzos La pasividad en el mercado se siente más fuerte cuando se contrasta con las necesidades del plantel: el ataque sigue sin contundencia asegurada, el mediocampo requiere variantes y la defensa necesita jerarquía, aspectos que los simpatizantes vienen pidiendo desde hace temporadas sin recibir soluciones contundentes en términos de fichajes. La ilusión está puesta en nombres como Ángel Romero o incluso en fichajes de jerarquía más ambiciosos, pero hasta ahora nada pasó de rumor o negociación tibia.    Mientras Riquelme insiste en su mensaje de calma y confianza en el grupo, gran parte de la hinchada cree que el club debe actuar con más agresividad en el mercado, aprovechando espacios disponibles y buscando jugadores que le den un salto de calidad inmediato al plantel, sobre todo si la meta es competir por la Copa Libertadores y pelear el título local.    Porque en Boca los colores no se defienden con discursos…se fortalecen con refuerzos que compitan por trofeos.   Y mientras la Bombonera espera acción,la pregunta que late en cada corazón azul y oro es simple: ¿cuándo se dejará de especular y se empezará a ganar de verdad en el mercado?