Juan Román Riquelme habló con convicción sobre el rumbo del mercado de pases 2026 y dejó un mensaje claro para los hinchas: no hay que “volverse locos” con incorporaciones, pese a que la dirigencia avanza en algunas negociaciones puntuales.  Riquelme elogió la llegada del extremo colombiano Marino Hinestroza, el refuerzo que está por cerrarse y que se ilusiona con llegar a la Bombonera tras su paso por Atlético Nacional. Aunque destacó las cualidades del jugador y su potencial aporte al equipo, el presidente subrayó que Boca ya tiene “un gran plantel” y que debe confiar en los futbolistas que ya están bajo contrato.    “El club hizo un mercado importante el año pasado, con varias incorporaciones de jerarquía, y no tenemos que volvernos locos ahora en enero”, afirmó Riquelme, en un mensaje que busca bajar tensiones y expectativas excesivas respecto a nuevas altas. El presidente recordó que en 2025 llegaron figuras clave para la estructura del plantel, y que, por eso, este mercado puede ser más “ordenado” y no necesariamente explosivo.    Más allá del mercado de pases, Riquelme también transmitió su deseo de que este año sea mucho más feliz para los hinchas de Boca, con la mira puesta en competir por todos los torneos que se disputarán a lo largo de la temporada. Con la Copa Libertadores 2026 como gran objetivo, el mensaje del presidente fue de calma y confianza, sin dejar de buscar refuerzos que realmente sumen en puestos clave.  Sin embargo, puertas adentro y también en el termómetro de la tribuna, empieza a crecer una mirada cada vez más crítica sobre el discurso de calma que baja Juan Román Riquelme. Hay quienes sienten que el presidente no termina de dimensionar la urgencia deportiva que atraviesa Boca: este equipo necesita ganar desde el primer partido, marcar autoridad de entrada y cortar con la sensación de transición permanente. Para muchos hinchas, hablar de “no volverse locos” suena a desconexión con la realidad de un club que vive de resultados, donde el margen de espera es mínimo y donde cada arranque tibio se paga caro. Boca no necesita solo orden: necesita un golpe de timón inmediato, señales fuertes y decisiones que devuelvan la convicción de que el 2026 empieza para competir en serio, no para acomodarse con el calendario ya en marcha.