La reunión que puede marcar el año de Boca La temporada todavía duele. La Bombonera sigue rumiando la eliminación con Racing y el polémico cambio de Zeballos, pero en el predio de Ezeiza ya se mueve la otra pelota: la política interna del fútbol.  Riquelme y Claudio Úbeda tendrán una cumbre clave para terminar de pulir la continuidad del “Sifón” como técnico de Boca durante todo 2026.   No es una charla más: es la jugada con la que el presidente decide si banca el proceso que heredó tras la muerte de Miguel Russo o si pega un volantazo en plena tormenta. Por ahora, la señal es clara: a pesar de las dudas y del incendio mediático, la postura de Román no cambió. La idea es que Úbeda siga siendo el DT.   El plantel ya fue licenciado, los jugadores se dispersan a descansar y en paralelo el futuro del banco se discute en una oficina del predio. Ahí, frente a frente, Riquelme y Úbeda pondrán sobre la mesa números, sensaciones, errores y aciertos de un año que terminó con gusto amargo, pero que también dejó una racha fuerte y la clasificación a la Copa Libertadores 2026. Úbeda, del duelo por Russo a la apuesta de Román La historia reciente de Úbeda en Boca no se entiende sin Miguel Ángel Russo. Cuando el histórico DT retornó para su tercer ciclo, lo hizo acompañado por el Sifón y Juvenal Rodríguez. La muerte de Miguel, en octubre, cambió todo: de un día para el otro, el exdefensor pasó de ayudante a comandante principal, con apenas un asistente a su lado.   En ese contexto difícil, con duelo, presión y un club buscando rumbo, Boca se ordenó: con Úbeda en el banco, el equipo hilvanó seis victorias consecutivas, incluido el Superclásico ante River, hasta chocar contra el Racing de Gustavo Costas en semifinales. En total, dirigió ocho partidos como DT principal: seis ganados y dos perdidos. Números que, fríamente, no son de fracaso.   Desde el Consejo destacan dos cosas: su manejo de grupo y la simpleza del mensaje. Nada de grandes discursos, nada de laboratorio: orden, claridad y respaldo a los referentes. Por eso, más allá del enojo de la gente por el cambio de Zeballos y la falta de reacción en la semifinal, Román toma distancia del escándalo del fin de semana y se para en otro lado: el de la continuidad.   Lo que se juega en la cumbre: contrato, ayudante y poder La reunión no es solo para la foto. Hay temas muy concretos que definir: Boca debe resolver primero el encuadre contractual. Hoy, Úbeda tiene vínculo hasta junio de 2026, pero como parte del cuerpo técnico que llegó con Russo, no como DT formal. Una opción es mantener ese contrato tal cual está; la otra, que suena con más fuerza, es firmar un nuevo acuerdo hasta diciembre del año que viene, dejándolo claramente como entrenador principal. El segundo punto es el cuerpo técnico. El Sifón está trabajando prácticamente con un solo ladero fijo y eso se sintió en el día a día. La idea de Riquelme es proponerle sumar un ayudante de campo más, elegido por el propio Úbeda, para fortalecer el staff. Algo similar a lo que pasó en 2020, cuando Mariano Herrón se sumó al equipo de Russo para darle más espalda al proyecto. El tercer punto es deportivo y político a la vez: qué Boca se quiere para 2026. Con la Libertadores asegurada y un Clausura que terminó con sensación de oportunidad perdida, la charla también pasará por refuerzos, depuración del plantel, rol de los juveniles y objetivos concretos. No alcanza con “competir”: el hincha pide pelear en serio todo.   La Bombonera, dividida: bronca caliente y memoria fresca Mientras en Ezeiza se habla de contratos, abajo, en el barro del sentimiento, la cosa es distinta. El pueblo xeneize sigue marcado por la eliminación con Racing, el cambio de Zeballos, la ausencia de Cavani y la sensación de que el equipo se quedó sin respuestas cuando el partido pedía rebeldía. La continuidad de Úbeda, en ese contexto, no es inocua: para muchos hinchas, representa un mensaje político claro de Riquelme. Una forma de decir “confío en lo que armé” aún cuando la Bombonera silbó, puteó y pidió explicaciones. Otros, en cambio, valoran el orden que encontró el equipo, el Superclásico ganado y el hecho de que, números en mano, Boca llegó competitivo al tramo final del año. La pulseada, en definitiva, está entre la paciencia y la bronca. Entre el proceso y la necesidad de un golpe de efecto. Entre sostener al Sifón para darle un año entero de trabajo o abrir la puerta a otro técnico, con el riesgo de empezar de cero otra vez.   Lo que se viene: 2026, Libertadores y una mochila pesada Si la reunión termina como todo indica y Úbeda firma para seguir, arrancará 2026 con una mochila enorme:   * Haber perdido una semifinal en casa.   * Arrastrar el recuerdo del cambio de Zeballos.   * Tener que demostrar que no es “un parche” tras Russo, sino un DT con proyecto propio.   * Gestionar un vestuario con figuras fuertes como Paredes y Cavani. * Llevar sobre los hombros la ilusión más grande de todas: volver a levantar la Copa Libertadores. Para Román, también hay riesgo. Apostar por la continuidad del Sifón es asumir públicamente que acepta el costo político de mantenerlo. Si sale bien, será el triunfo del proyecto. Si sale mal, el tiro le va a rebotar directo al palco.