Para el hincha —ese que siente la azul y oro en la piel— basta de símbolos, basta de promesas, basta de falsas ilusiones maquilladas con discursos. Cuando el fútbol profesional termina siendo un desastre adentro, a lo que queda atrás hay que mirarlo con lupa. Y lo que hay atrás, esta vez como otras veces, tiene nombre. Tres eliminaciones en casa en un solo año: la Bombonera ya no es fortaleza Racing no fue el primero. Este 2025 empezó mal para Boca en su casa: quedó eliminado de la Copa Libertadores ante Alianza Lima, tras eso desapareció ante Independiente por el Apertura… y ahora volvió a sufrir en semifinales. Tres golpes fuertes, en su propia cancha —donde la historia mandaba respeto   .  HISTÓRICA ELIMINACIÓN DEL XENEIZE POR PENALES EN LA BOMBONERA | Boca 2-1 Alianza Lima   ¡GOLAZO DE ANGULO Y EL ROJO ELIMINÓ A BOCA PARA IR A SEMIS! | Boca 0-1 LA ACADEMIA ELIMINÓ AL XENEIZE EN LA BOMBONERA Y SE METIÓ EN LA FINAL | Boca 0-1 Racing   La efervescencia del momento —bombos, cánticos, promesas volver a ganar— quedó opacada por un presente infernal.  Duele el presente, la dirigencia, el estado actual…   ¿Qué pasó en lo futbolístico? ¿Y en lo institucional? Desde lo deportivo, errores tácticos, cambios polémicos, y una escalada de nervios llevaron al desastre. Velasco, un tipo que hacía dos meses no tocaba la pelota, que nunca jugó bien, que costó 10 millones de dólares, que ya nos dejó fuera de una Libertadores y que encima es uno de los elegidos del presidente. Nadie confía en Velasco, ni sus compañeros y mucho menos la gente     La Bombonera estalló: silbidos, insultos y una reacción que dijo todo, la imagen fue devastadora: miles de hinchas agarrándose la cabeza al ver el cartel que anunciaba la salida de Zeballos. Silbidos, insultos, manos abiertas pidiendo explicaciones al cielo. La Bombonera pasó del aliento a la incredulidad en un segundo. Y en ese clima tóxico, la reacción de Leandro Paredes terminó de exponer el derrumbe emocional del equipo: el capitán abrió los brazos como diciendo “¿qué estamos haciendo?”, pateó el aire y masculló bronca. Nunca un líder de Boca mostró tan claramente su desconcierto. Ni los hinchas de Racing se hubieran atrevido a imaginar semejante escena en un partido definitorio. Pero pasó. Y en casa.   ¿Cambio por handy? La teoría que prendió fuego todo Cuando Úbeda decidió sacar al Changuito y después no hizo ningún otro cambio hasta poner a Battaglia en el minuto 90, la teoría empezó a recorrer la Bombonera como un susurro venenoso: “El cambio vino por handy”. Que alguien, desde arriba, dio la orden. Que Úbeda acató, se calentó, y pensó: “Listo, hacé cargo vos, si tanto sabés”. Esa lectura se expandió como pólvora entre periodistas, plateístas y hasta dentro del banco. El silencio del DT, la demora eterna para mover el banco y la ausencia de variantes reforzaron la sensación de que algo más pasó. Que Úbeda no mandó: obedeció. Que le bajaron la línea. Y que él, cansado, respondió sin hacerlo explícito: “No toco más nada”. Una postal perfecta del caos dirigencial que hoy envuelve a Boca. Desde lo institucional, la sensación de que hay más show que fútbol: promesas, marketing, cambios de cuerpo técnico, “refuerzos de ilusiones”… pero sin resultados sólidos. Que alguien pida perdón por tanto desastre: un reclamo que no es solo por este partido, es por un proyecto que se desarma partido tras partido, sin rumbo claro, sin respeto por la historia.  No duele solo el resultado: duele la sensación de que los dirigentes te usan. Que la Bombonera se convierte en vitrina, no en fortaleza. No va más la careta del “proyecto”: cuando el fútbol no funciona, ni marketing, ni promesas, ni nombre de ídolo pueden tapar la bronca. No es un problema de hoy: es la acumulación de un año que duele como pocos. La herida ya no cierra solo con un triunfo. La exigencia tiene que ser total: decisiones, estructura, coherencia. No más parches, no más campaña.   Qué debe pasar ya — y por quién se debe empezar 1. Culminada esta temporada de desastre, es hora de revisar con honestidad interna cada rincón del club: cuerpo técnico, plantel, estructura dirigencial. 2. No más discursos vacíos: la hinchada merece claridad y certeza. Qué vendrá, cómo se priorizarán las decisiones. 3. Resultados reales, no promesas. Si se apuesta de nuevo, hay que dar señales claras, y rápido. 4. Que la dirigencia asuma lo suyo. Si Boca duele afuera, duele adentro. Y el responsable mayor está sentado en un palco. Hoy no hay consuelo. No hay “volvemos la temporada que viene”. Hoy hay bronca, decepción, rabia. Y está bien que sea así. Porque ser de Boca no es pedir autógrafos. Es pedir convicción. Verdad. Corazón. Respeto. Que esta derrota no sea solo un tropiezo más en la historia: que sea el punto de quiebre. Que todo lo que murió en esta Bombonera reviva… si se reconstruye con seriedad. Que ruja el grito de la protesta. Que pese la camiseta —y los responsables. Que, por una vez, no baste la mística. Que vuelva Boca. Y no este fantasma disfrazado.