Desde que regresó al club, Paredes no tardó en dejar su sello. Y no hablamos únicamente de fútbol. El mediocampista organizó una rutina entre sus compañeros que se repite con regularidad: un asado en su casa, una vez por semana aproximadamente, para que todos —titulares, suplentes, cuerpo técnico, incluso los jugadores alejados del equipo— participen y refuercen el sentido de pertenencia.    Los miércoles por la noche, tras el doble turno de entrenamiento, se transforma en día de encuentro. La “sombrilla” es la parrilla de Paredes, quien no solo invita sino que también se encarga de los cortes, del fuego, del momento. Según la nota, la foto que se viralizó lo muestra en su jardín, con la sonrisa de los jugadores, con el “relámpago” de camaradería que en Boca se había perdido.    La idea no es anecdótica: Paredes quiere replicar en Boca lo que vivió en la selección argentina campeona del mundo, donde la hermandad y la convivencia marcaron la diferencia. “No hay magia si no hay unión”, habría dicho en una charla informal; y ese “no hay magia” se traduce en resultados, en actitud, en equipo. En un momento donde Boca atraviesa lesiones, bajas, cambios, la “mesada” del asado se volvió ritual.   Este tipo de iniciativa le da dos cosas al club: - Por un lado, potencia el compromiso emocional de los jugadores. Que un título mundial venga al barrio, a Boca, y quiera armar algo así dice muchísimo. - Por otro lado, fortalece el factor humano: los que juegan, los que esperan, los que no están convocados del todo —todos se sienten parte. En Boca eso genera peso.   Hincha xeneize, esto va más allá del partido del domingo. Es ver a tu capitán, tu camiseta número 5, juntar al plantel, encender la parrilla y decir que acá todos somos uno. Porque la camiseta pesa, pero más pesa que se sienta dentro de cada jugador. Boca lo sabe, Paredes lo practica. Y vos, que mirás desde las tribunas, sabés que cuando el asado se apaga, el fuego lo llevás vos.