El acuerdo se tratará el 29 de octubre en Asamblea Extraordinaria, donde los representantes votarán su aprobación. Boca percibirá 100 mil dólares por año como piso y un 7 % de todo lo facturado en gastronomía y merchandising. Las obras —que ya comenzaron a planificarse— estarán a cargo del club, mientras que Hard Rock se encargará de aportar el mobiliario, diseño y equipamiento del local. Se estima que la inversión total de Boca rondará los 2 millones de dólares, una cifra que marca la magnitud del proyecto.   El nuevo espacio se inaugurará a comienzos de 2026 y promete convertirse en una atracción única en Sudamérica. Riquelme lo presentó así:   > “Es un momento muy importante para nuestro club. Todos los bosteros van a poder disfrutar de tener a Hard Rock en nuestra casa”. Durante el anuncio formal que tuvo lugar en Estados Unidos en medio de la disputa del Mundial de Clubes, el propio Juan Román Riquelme encabezó la conferencia con las autoridades de la empresa. “Es un momento muy importante para nuestro club. Todos los bosteros van a poder disfrutar de tener a Hard Rock en nuestra casa“,     La polémica que sacudió al mundo Boca Como todo lo que pasa en Boca, la noticia generó amores y odios. En redes sociales, muchos hinchas celebraron que una marca global como Hard Rock elija a Boca para desembarcar en el país. Pero otros cuestionaron el costo de las obras y la cesión de un espacio histórico del estadio.   En números, el nuevo convenio duplica ampliamente la ganancia del contrato anterior con la antigua confitería de La Bombonera, que dejaba apenas 39 mil dólares al año. Lo que deja en evidencia que en esta oportunidad habrá un incremento mínimo de más del doble. De esta manera, así queda conformado el contrato que debe votarse este próximo miércoles 29 de octubre en la Asamblea. Para Riquelme y su gestión, es un paso adelante hacia la “modernización sin perder identidad”. Para los más críticos, un riesgo que podría convertir el templo en un negocio más.   Un símbolo de poder y pertenencia El desembarco de Hard Rock también se lee como un mensaje político de Riquelme dentro del club. El ídolo apuesta por abrir Boca al mundo, firmar acuerdos globales y mostrar gestión moderna. Pero lo hace sin resignar protagonismo: el club controla la obra, decide el espacio y se queda con el porcentaje de ventas.   Con esta movida, Boca busca consolidar ingresos fijos en dólares y posicionarse como marca internacional sin perder su esencia barrial. Y ahí está la magia —y el conflicto— que define a Riquelme: un dirigente que enamora y divide, pero que nunca pasa inadvertido.